Vivimos rodeados de opiniones. Las encontramos en las conversaciones familiares, entre amigos, en el trabajo, en las redes sociales y prácticamente en cualquier espacio donde haya más de una persona. Sin embargo, aunque estamos acostumbrados a convivir con diferentes puntos de vista, aceptarlos no siempre resulta fácil.
A veces confundimos no estar de acuerdo con tener que demostrar que la otra persona está equivocada. Y ahí es donde una conversación puede convertirse rápidamente en una discusión.
Pensar diferente no significa estar contra nosotros
Una de las dificultades más habituales es interpretar una opinión diferente como un ataque personal.
Si alguien piensa de manera distinta sobre un determinado asunto, podemos sentir que está cuestionando nuestros valores, nuestra forma de entender la vida o incluso nuestra propia identidad. Pero no necesariamente es así.
Una persona puede pensar diferente y seguir respetándonos.
Aceptar esta idea parece sencillo, pero llevarla a la práctica requiere aprender a separar a la persona de su opinión.
Podemos estar en desacuerdo con lo que alguien piensa sin convertir ese desacuerdo en un problema personal.
Tendemos a buscar aquello que confirma lo que pensamos
También resulta más cómodo escuchar argumentos que coinciden con nuestras propias ideas. Cuando encontramos información que confirma lo que ya pensamos, solemos aceptarla con mayor facilidad. En cambio, cuando aparece una opinión contraria, podemos reaccionar con desconfianza o buscar rápidamente argumentos para rechazarla.
El problema no está en defender nuestras ideas. Todos tenemos derecho a hacerlo.
El problema aparece cuando dejamos de escuchar porque hemos decidido de antemano que todo aquel que piensa diferente está equivocado.
Escuchar otras opiniones puede ayudarnos incluso a comprender mejor nuestras propias ideas.
Escuchar no significa estar de acuerdo
Esta quizá sea una de las diferencias más importantes.
Escuchar a alguien no significa darle la razón. Significa intentar comprender qué piensa, por qué lo piensa y desde qué experiencias está construyendo su opinión.
Podemos terminar una conversación diciendo:
“Entiendo lo que quieres decir, aunque sigo pensando diferente.”
Y no pasa nada.
De hecho, aprender a mantener una conversación en la que existen desacuerdos sin convertirla en una pelea es una habilidad muy importante.
En las redes sociales todo puede hacerse todavía más difícil
Las redes sociales han multiplicado la posibilidad de expresar nuestras opiniones, pero también han favorecido conversaciones muy rápidas, en las que muchas veces respondemos antes de reflexionar.
Un comentario escrito en unos segundos puede provocar una discusión que nadie esperaba.
Además, tendemos a relacionarnos con personas que comparten muchos de nuestros intereses y opiniones. Eso puede hacer que determinadas ideas parezcan mucho más unánimes de lo que realmente son.
Por eso es importante recordar que internet no representa necesariamente todas las formas de pensar que existen en la sociedad.
También podemos cambiar de opinión
Aceptar opiniones diferentes implica aceptar que nosotros mismos podemos equivocarnos.
Cambiar de opinión después de escuchar nuevos argumentos no debería considerarse una debilidad. Significa que somos capaces de reflexionar y revisar nuestras ideas.
No tenemos que convertir cada conversación en una competición para comprobar quién tiene razón.
A veces podemos aprender algo de alguien que piensa de manera completamente diferente a nosotros.
No todas las discusiones merecen la pena
También creo que hay momentos en los que lo más inteligente es no continuar una conversación.
Respetar las opiniones de los demás no significa que tengamos que discutir con todo el mundo ni responder siempre a todas las provocaciones. Hay conversaciones en las que ambas personas están dispuestas a escuchar y otras en las que parece imposible llegar a ningún entendimiento.
En esas situaciones, podemos decidir no continuar.
Alejarse de una discusión no significa necesariamente dar la razón a la otra persona. A veces simplemente significa que consideramos que continuar hablando no va a aportar nada.
Podemos pensar: “No merece la pena discutir sobre esto” y seguir adelante.
Aprender a convivir con el desacuerdo
Una sociedad formada por personas diferentes inevitablemente tendrá opiniones diferentes. Pretender que todo el mundo piense igual no solo es imposible, sino que tampoco sería deseable.
Lo importante no es conseguir que los demás piensen como nosotros, sino aprender a convivir con quienes no lo hacen.
Podemos defender nuestras ideas, explicar nuestros argumentos y mantener nuestras convicciones. Pero también podemos escuchar, preguntar y respetar.
Desde mi opinión personal, todos deberíamos aprender a respetar un poco más las opiniones de los demás. No tenemos que estar de acuerdo con todo lo que escuchamos, pero sí podemos evitar convertir cada diferencia de opinión en una pelea.
Y cuando una conversación deja de ser constructiva, también tenemos derecho a apartarnos.
Porque quizá una de las mayores muestras de madurez no sea conseguir que alguien cambie de opinión, sino poder decir:
“No pensamos igual, pero podemos seguir hablando y respetándonos
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