Encontrar trabajo cuando eres joven puede convertirse en una de las primeras grandes dificultades de la vida laboral. No siempre es cuestión de falta de ganas, de preparación o de esfuerzo. En muchas ocasiones existe una barrera bastante evidente: para conseguir trabajo te piden experiencia, pero para conseguir experiencia necesitas que alguien te dé una primera oportunidad.
Es una especie de círculo vicioso que afecta especialmente a quienes intentan acceder por primera vez al mercado laboral.
La falta de experiencia
Uno de los principales obstáculos es precisamente la experiencia.
Muchas empresas buscan personas que puedan incorporarse a un puesto y desenvolverse con cierta autonomía desde el principio. Formar a un trabajador requiere tiempo y recursos, por lo que algunas compañías prefieren contratar a alguien que ya haya realizado funciones similares.
Y aquí aparece una situación bastante curiosa:
«Se busca persona joven, dinámica y con tres años de experiencia».
Es una contradicción que se ha convertido casi en un clásico de las ofertas de empleo. Si una persona está buscando precisamente su primera oportunidad laboral, resulta difícil que pueda acumular varios años de experiencia profesional.
Por eso, uno de los momentos más complicados suele ser conseguir ese primer empleo que permita romper el círculo.
Tener estudios no siempre significa tener experiencia práctica
Una persona joven puede tener buenos resultados académicos, títulos, cursos, conocimientos de idiomas o formación especializada y, aun así, no haber trabajado nunca.
Los estudios proporcionan conocimientos fundamentales, pero el mundo laboral también exige aprender a desenvolverse en situaciones reales: trabajar en equipo, cumplir horarios y responsabilidades, tratar con clientes o compañeros, resolver problemas o adaptarse a las circunstancias de cada puesto.
Por eso, al comenzar la vida laboral pueden tener bastante importancia elementos como las prácticas, los proyectos personales, el voluntariado, los idiomas, las competencias digitales o un portfolio cuando se trata de profesiones en las que pueda mostrarse el trabajo realizado.
No sustituyen necesariamente a la experiencia profesional, pero pueden demostrar que una persona ya ha empezado a desarrollar determinadas capacidades.
Las empresas también tienen que tomar decisiones
Desde el punto de vista de una empresa, contratar a alguien con experiencia puede resultar más sencillo en determinados puestos.
Una persona que ya conoce el funcionamiento del sector puede necesitar menos formación y supervisión inicial. Eso no significa que un trabajador joven sea peor, sino que la empresa puede valorar de manera diferente el riesgo, el tiempo de formación y los costes asociados a una incorporación.
El problema aparece cuando se exige experiencia incluso para puestos que podrían servir precisamente para adquirirla.
Mucha competencia para los puestos de entrada
Los empleos que no requieren experiencia suelen recibir muchas candidaturas.
Es lógico: si una oferta está abierta a personas que están empezando, el número de posibles candidatos puede ser muy elevado.
Esto significa que alguien puede cumplir todos los requisitos básicos de una oferta y, aun así, no ser seleccionado.
En ese contexto, pequeños elementos pueden marcar diferencias: una formación relacionada con el puesto, conocimientos informáticos, idiomas, capacidad para trabajar en equipo, disponibilidad o haber realizado anteriormente alguna actividad relacionada.
El primer empleo puede ser el más difícil
Existe una especie de escalera laboral:
0 experiencia → primera oportunidad → experiencia → más oportunidades → mejores opciones laborales.
El primer escalón puede ser el más complicado.
Una vez que una persona ha trabajado, puede incluir esa experiencia en su currículum y explicar en una entrevista qué funciones desempeñó, qué aprendió y qué responsabilidades tuvo.
Pero antes de llegar a ese punto alguien tiene que darle una oportunidad.
España ha mejorado, pero el empleo juvenil sigue teniendo dificultades
El problema no afecta únicamente a cada joven de manera individual. También depende de cómo funcione el mercado laboral.
En España, el desempleo juvenil ha sido históricamente elevado. Los datos del Servicio Público de Empleo Estatal muestran que durante 2025 el paro juvenil continuó descendiendo y alcanzó uno de sus niveles más bajos de la última década, aunque el desempleo entre los jóvenes continúa siendo elevado en comparación con otros grupos de edad.
Por tanto, la situación ha mejorado, pero eso no significa que encontrar el primer empleo sea sencillo para todos.
Los programas de empleo pueden abrir una primera puerta
Una de las posibilidades para facilitar esa transición son los programas destinados específicamente a jóvenes que todavía no han conseguido incorporarse al mercado laboral.
En Málaga, por ejemplo, el Ayuntamiento cuenta con el Instituto Municipal para la Formación y el Empleo (IMFE) y con servicios de orientación y colocación dirigidos a facilitar el acceso al mercado laboral. Actualmente existen también programas de empleo y formación que combinan formación con práctica profesional.
Y esto no es solamente una cuestión teórica.
Mi primer empleo llegó precisamente gracias a una oportunidad de este tipo.
El Ayuntamiento de Málaga puso en marcha un programa destinado a facilitar el acceso de jóvenes a su primer empleo y, gracias a él, tuve la oportunidad de comenzar a trabajar en los servicios operativos.
Aquella primera experiencia fue importante porque permitió precisamente romper esa barrera inicial: dejar de ser una persona que buscaba su primer empleo para convertirse en alguien que ya podía decir que había trabajado.
Y esa diferencia, aunque pueda parecer pequeña, tiene bastante importancia cuando posteriormente vuelves a buscar trabajo.
También podemos empezar a construir experiencia por nuestra cuenta
Hoy existen además muchas posibilidades para desarrollar capacidades antes de conseguir un empleo tradicional.
Una persona joven puede aprender marketing, diseño, edición de vídeo, programación, herramientas digitales, inteligencia artificial u otras competencias y ponerlas en práctica mediante proyectos propios.
Eso no significa que un proyecto personal sea exactamente lo mismo que haber trabajado para una empresa. Pero sí permite llegar a una entrevista y explicar algo más que «no tengo experiencia».
Se puede decir:
«Todavía no he trabajado profesionalmente en una empresa, pero he aprendido esto y he realizado estos proyectos».
Y la conversación cambia.
La primera oportunidad importa mucho
Encontrar trabajo siendo joven no debería convertirse en una prueba imposible en la que se exige experiencia antes de permitir adquirirla.
La formación es importante, pero también lo es ofrecer oportunidades para ponerla en práctica.
Los programas de primer empleo, las prácticas, la formación profesional, los proyectos personales y otras vías de acceso pueden ayudar a romper ese círculo inicial.
Porque al final existe una realidad bastante sencilla:
nadie nace con experiencia.
Toda persona que hoy tiene diez, quince o veinte años de trayectoria profesional tuvo alguna vez su primer día de trabajo.
Y para llegar a ese primer día, alguien tuvo que darle una oportunidad.
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