El
Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que influye principalmente en la comunicación, la interacción social y determinados patrones de comportamiento. Se habla de “espectro” porque
cada persona con autismo es diferente y puede necesitar distintos niveles de apoyo.
Algunos niños pueden desenvolverse con bastante autonomía, mientras que otros necesitan ayuda importante en diferentes aspectos de su vida cotidiana.
¿Cuáles son las señales tempranas del autismo?
Durante la infancia pueden aparecer algunas señales que indiquen que un niño necesita una evaluación de su desarrollo.
Entre ellas pueden encontrarse:
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Poco contacto visual o una forma diferente de utilizarlo.
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No responder habitualmente cuando se le llama por su nombre.
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Retraso en el desarrollo del lenguaje.
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Dificultades para iniciar o mantener interacciones con otras personas.
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Movimientos repetitivos, como el aleteo de las manos.
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Intereses muy intensos o específicos.
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Necesidad de mantener determinadas rutinas.
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Malestar ante cambios inesperados.
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Diferencias en la forma de jugar o de comunicarse.
Es importante recordar que
tener una de estas características no significa necesariamente que un niño tenga autismo. Si existen varias señales o existe preocupación por el desarrollo, lo recomendable es consultar con un profesional.
¿Cuáles son las causas del TEA?
No existe una única causa del autismo.
La investigación científica señala que intervienen principalmente
factores genéticos y relacionados con el desarrollo del cerebro, además de otros factores que continúan siendo estudiados.
Es importante aclarar que el autismo
no está causado por una mala educación, por la forma de criar a un niño ni por las vacunas. La evidencia científica disponible no respalda esas afirmaciones.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico del TEA no se realiza mediante una única prueba.
Los profesionales realizan una
evaluación global del desarrollo y del comportamiento del niño, teniendo en cuenta aspectos como:
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Los comportamientos repetitivos.
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La respuesta ante determinados estímulos.
En la evaluación pueden participar diferentes profesionales especializados, dependiendo de las necesidades del niño y del sistema sanitario.
La detección temprana permite conocer mejor las necesidades del menor y facilitar cuanto antes los apoyos que pueda necesitar.
Los niveles de apoyo del autismo
El TEA puede clasificarse en
tres niveles de apoyo, aunque esta clasificación no significa que existan tres tipos completamente diferentes de autismo.
Nivel 1: necesita apoyo
Puede presentar dificultades para desenvolverse en determinadas situaciones sociales, organizarse o adaptarse a cambios.
Puede necesitar apoyo puntual, especialmente en ámbitos como las relaciones sociales, la educación o la organización de determinadas actividades.
Nivel 2: necesita apoyo sustancial
Las dificultades de comunicación e interacción social pueden ser más importantes y los comportamientos repetitivos pueden interferir más en la vida cotidiana.
Puede necesitar
apoyo frecuente tanto en el entorno familiar como educativo.
Nivel 3: necesita apoyo muy sustancial
Las dificultades de comunicación e interacción social pueden ser muy importantes y puede existir una dependencia considerable para determinadas actividades de la vida diaria.
En estos casos se requiere
un apoyo más intenso y continuado.
Estos niveles no deben entenderse como algo completamente fijo. Las necesidades de una persona pueden cambiar a lo largo de su vida y también dependiendo del entorno y de los apoyos disponibles.
La importancia de la intervención temprana
No existe una cura para el autismo, porque
el TEA no es una enfermedad que deba curarse, sino una condición del neurodesarrollo.
Sin embargo, existen diferentes apoyos e intervenciones que pueden ayudar a mejorar la comunicación, la autonomía, el aprendizaje y la calidad de vida.
Dependiendo de las necesidades de cada niño, pueden utilizarse:
- Logopedia para trabajar aspectos relacionados con la comunicación y el lenguaje.
- Apoyo educativo especializado.
- Terapia ocupacional cuando resulta necesaria.
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Intervenciones centradas en las habilidades sociales y la autonomía.
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Apoyo psicológico cuando sea necesario.
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Adaptaciones en el entorno escolar y familiar.
No existe una intervención que funcione exactamente igual para todos los niños. Lo importante es adaptar los apoyos a
las necesidades individuales de cada persona.
¿Qué hacer si existe una sospecha?
Cuando los padres, familiares o profesores observan señales que les preocupan, es recomendable actuar sin esperar demasiado.
Algunas medidas pueden ser:
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Consultar con el pediatra.
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Explicar qué comportamientos o dificultades se han observado.
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Solicitar una valoración del desarrollo si el profesional lo considera necesario.
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Anotar situaciones concretas que puedan ayudar durante la evaluación.
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Buscar los apoyos que el niño necesite.
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Mantener una comunicación cercana entre la familia, los profesionales y el centro educativo.
No es necesario esperar a que todas las señales sean evidentes para pedir orientación.
Cada niño con autismo es diferente
Una de las ideas más importantes cuando hablamos de autismo es que
no existe una única manera de ser autista.
Dos niños con el mismo diagnóstico pueden tener capacidades, dificultades, intereses y necesidades de apoyo completamente diferentes.
Algunos pueden utilizar el lenguaje con facilidad, mientras que otros pueden comunicarse de otras maneras. Algunos pueden necesitar ayuda para determinadas actividades y otros pueden ser bastante autónomos.
Por eso, no debemos definir a un niño únicamente por su diagnóstico.
La importancia de la inclusión
La inclusión no consiste solamente en que los niños con TEA puedan estar en los mismos espacios que los demás.
También significa
adaptar los entornos para que puedan participar, aprender, comunicarse y relacionarse en igualdad de oportunidades.
La escuela, la familia y la sociedad pueden contribuir creando ambientes más comprensibles, accesibles y respetuosos con las diferentes formas de comunicación y comportamiento.
También es importante evitar los prejuicios y comprender que algunas conductas que pueden parecer extrañas para otras personas pueden tener una explicación relacionada con las características del autismo.
Un diagnóstico no define a una persona
Recibir un diagnóstico de TEA puede ayudar a las familias a comprender mejor determinadas dificultades y a buscar los apoyos adecuados.
Pero el diagnóstico
no define todo lo que una persona puede hacer.
Las personas con autismo pueden aprender, desarrollar sus capacidades, tener amistades, estudiar, trabajar, desarrollar sus propios intereses y construir una vida plena.
Lo importante es que puedan contar con los apoyos necesarios y con un entorno que respete sus características individuales.
Conclusión
El
Trastorno del Espectro Autista es una condición del neurodesarrollo que puede manifestarse de formas muy diferentes.
Conocer las posibles señales tempranas puede facilitar que las familias busquen orientación cuando tengan alguna preocupación. Una identificación temprana permite conocer mejor las necesidades del niño y poner a su disposición los apoyos que pueda necesitar.
Pero también debemos recordar que
el autismo no define a una persona. Cada niño tiene sus propias capacidades, personalidad, intereses y necesidades.
La información, la comprensión, el apoyo familiar, la educación y la inclusión son fundamentales para conseguir una sociedad en la que todos los niños puedan desarrollarse y participar plenamente.