Cada vez es más habitual ver a niños pequeños con un teléfono móvil propio. Hay familias que deciden comprar uno a sus hijos cuando todavía tienen siete u ocho años, incluso aunque no exista una necesidad real de que dispongan de un dispositivo personal.
La pregunta es inevitable: ¿a qué edad debería tener un niño su primer móvil?
No existe una edad universal que pueda aplicarse a todas las familias. Cada niño es diferente y también lo son sus circunstancias. Sin embargo, que un dispositivo sea técnicamente accesible para un niño no significa necesariamente que sea conveniente que tenga uno propio.
Durante la infancia hay muchas experiencias que necesitan espacio y tiempo: jugar, hacer deporte, salir al parque, relacionarse con otros niños, leer, imaginar, aburrirse y descubrir el mundo que les rodea.
El móvil puede formar parte de la vida de un menor, pero no debería convertirse en el centro de ella.
Un teléfono no es un juguete más
Un móvil permite mucho más que realizar llamadas. Con conexión a Internet, un niño puede acceder a vídeos, redes sociales, juegos, páginas web y multitud de contenidos.
Por eso, entregar un teléfono a un menor no debería consistir simplemente en comprar el dispositivo y dejarlo en sus manos.
Los niños necesitan acompañamiento para aprender a utilizar la tecnología de manera responsable. También necesitan comprender que no todo lo que aparece en Internet es adecuado, que existen riesgos relacionados con la privacidad y que detrás de una pantalla puede haber situaciones que todavía no saben gestionar.
Por este motivo, la supervisión de los adultos resulta fundamental.
El problema no es solamente el tiempo de pantalla
Cuando se habla del uso del móvil en niños, muchas veces la conversación se centra exclusivamente en cuántas horas pasan delante de la pantalla.
El tiempo es importante, pero también lo es aquello que el niño está dejando de hacer.
Si el móvil empieza a sustituir de manera habitual el juego, el ejercicio físico, las conversaciones familiares, las relaciones cara a cara, el descanso o las actividades escolares, quizá sea necesario revisar cómo se está utilizando.
No se trata de considerar la tecnología como algo negativo. Los móviles y otros dispositivos pueden ser herramientas útiles para aprender, comunicarse y acceder a información.
El problema aparece cuando su utilización deja de estar equilibrada.
Establecer límites también es educar
Una vez que un menor dispone de móvil, establecer unas normas claras puede ayudar a evitar que el dispositivo termine ocupando demasiado espacio en su vida.
Los padres pueden acordar horarios de uso, establecer momentos y lugares en los que el móvil no se utiliza y procurar que el dispositivo no interfiera con el sueño, los estudios, las comidas o el tiempo familiar.
También es importante que los adultos den ejemplo.
Resulta difícil enseñar a un niño que debe apartar el móvil durante una comida si los adultos están constantemente pendientes de sus propias pantallas.
Los límites funcionan mejor cuando forman parte de unas normas familiares que se aplican con coherencia.
¿Entonces cuándo es el momento adecuado?
Quizá la pregunta no debería ser solamente "¿qué edad tiene que tener un niño para tener móvil?", sino también "¿para qué necesita ese móvil?"
En algunos casos puede existir una necesidad concreta de comunicación o seguridad. En otros, puede tratarse simplemente de que todos sus compañeros tienen uno.
Pero que otros niños tengan móvil no significa que nuestro hijo tenga que tenerlo también.
Antes de comprarlo, puede ser útil preguntarse si realmente lo necesita, si tiene la suficiente madurez para utilizarlo, qué normas tendrá y cómo se va a supervisar su uso.
La tecnología forma parte de nuestra sociedad y los niños tendrán que aprender a convivir con ella. Precisamente por eso, enseñarles a utilizarla de manera responsable es mucho más útil que simplemente prohibirla o permitirla sin límites.
La infancia pasa muy rápido. Un móvil puede esperar; el tiempo para jugar, descubrir, relacionarse y disfrutar de ser niño no vuelve.
Más que buscar una edad exacta para entregar el primer teléfono, quizá deberíamos preocuparnos por algo más importante: que cuando llegue ese momento, el niño esté preparado para utilizarlo y que el móvil ocupe en su vida el lugar que realmente le corresponde.