Ahorrar dinero es algo que muchas veces escuchamos desde pequeños. Nos dicen que debemos guardar una parte de lo que recibimos y pensar en el futuro. Al mismo tiempo, también es lógico querer disfrutar del dinero que tenemos y utilizarlo para comprar aquello que necesitamos o que nos hace ilusión.
Entonces, ¿qué es mejor: ahorrar o gastar?
Desde mi punto de vista, la respuesta no está en elegir solamente una de las dos opciones. Lo importante es encontrar un equilibrio entre ahorrar y gastar, teniendo siempre en cuenta nuestras posibilidades económicas.
Ahorrar tiene muchas ventajas
Guardar una parte de nuestro dinero puede ser muy útil. No hace falta empezar ahorrando grandes cantidades. Incluso pequeñas cantidades pueden ayudarnos a adquirir el hábito.
Una de las principales ventajas del ahorro es que nos permite conseguir objetivos. Si queremos comprar algo que cuesta bastante dinero, podemos ir guardando una cantidad cada semana o cada mes hasta conseguirlo.
Además, tener unos ahorros proporciona cierta tranquilidad ante determinados imprevistos. Nunca sabemos cuándo puede aparecer un gasto que no teníamos previsto, y disponer de una pequeña reserva puede resultar de gran ayuda.
Ahorrar también nos enseña a administrar nuestro dinero. Aprendemos que no podemos gastar todo inmediatamente si queremos conseguir algo más adelante.
Otra ventaja es que nos ayuda a pensar antes de comprar. Cuando tenemos que decidir entre gastar nuestro dinero ahora o guardarlo para otro objetivo, podemos preguntarnos si realmente necesitamos aquello que queremos comprar o si simplemente lo queremos en ese momento.
Pero ahorrar todo tampoco es la solución
Ahorrar es positivo, pero eso no significa que tengamos que guardar absolutamente todo el dinero que recibimos.
También necesitamos disfrutar de nuestro dinero. Podemos utilizar una parte para salir, comprar algo que nos guste, practicar un hobby, realizar alguna actividad o simplemente darnos un pequeño capricho de vez en cuando.
Si ahorramos absolutamente todo y nunca utilizamos nuestro dinero para disfrutar del presente, puede ocurrir que terminemos viendo el ahorro como una obligación en lugar de como una herramienta para conseguir nuestros objetivos.
Por eso, en mi opinión, la clave está en encontrar un punto intermedio.
Gastar también forma parte de una buena gestión
Gastar dinero no es necesariamente algo negativo. El problema aparece cuando gastamos sin pensar o cuando gastamos más de lo que realmente podemos permitirnos.
Cada persona tiene una situación económica diferente y, por tanto, no existe una cantidad que todo el mundo pueda gastar al mes.
Es importante saber cuánto dinero tenemos disponible, cuáles son nuestros gastos y qué cantidad podemos destinar a otras cosas sin comprometer nuestras necesidades.
Al final, se trata de una cuestión bastante sencilla: si gastamos demasiado, podemos quedarnos sin dinero antes de terminar el mes.
Por eso es importante aprender a diferenciar entre lo que necesitamos, lo que queremos y aquello que podemos permitirnos en ese momento.
Una posible forma de organizarse
No existe una fórmula perfecta que sirva para todas las personas. Sin embargo, una posibilidad puede ser dividir el dinero disponible en diferentes partes.
Por ejemplo, una persona podría decidir guardar una parte para sus ahorros, utilizar otra para gastos personales y reservar otra para un objetivo concreto.
No tiene por qué ser exactamente un 50 %, un 30 % y un 20 %. Lo importante es adaptar las cantidades a la situación de cada uno.
Si tenemos un objetivo determinado, como comprar algo que queremos desde hace tiempo, podemos aumentar temporalmente la cantidad destinada al ahorro.
Por ejemplo, si recibimos 20 euros, podemos decidir guardar 10 y utilizar los otros 10 para algo que queramos. De esta manera conseguimos ahorrar sin renunciar completamente a disfrutar de nuestro dinero.
Aprender a ahorrar poco a poco
Una de las cosas más importantes es entender que ahorrar no significa necesariamente guardar grandes cantidades.
Si una persona empieza guardando una pequeña cantidad cada vez que recibe dinero, poco a poco puede crear un hábito. Con el tiempo, ese hábito puede resultar mucho más importante que la cantidad inicial.
También puede ser útil establecer objetivos concretos. No es lo mismo pensar simplemente «quiero ahorrar» que decir «quiero guardar dinero para comprar algo dentro de unos meses».
Tener un objetivo puede hacer que resulte más fácil mantener la motivación.
Conclusión
Desde mi punto de vista, ni ahorrar todo ni gastarlo todo es la mejor opción. Lo verdaderamente importante es aprender a administrar nuestro dinero y conocer cuáles son nuestras posibilidades.
Ahorrar nos permite pensar en el futuro, conseguir objetivos y disponer de una pequeña reserva cuando la necesitemos. Gastar, por otro lado, nos permite cubrir nuestras necesidades y también disfrutar del presente.
La clave está en hacerlo de manera consciente.
Cada persona debe saber cuánto puede gastar según sus ingresos y sus circunstancias. No podemos gastar más de lo que tenemos y después sorprendernos porque no llegamos a final de mes.
Ahorrar es bueno, especialmente cuando aprendemos a hacerlo poco a poco y de una manera realista. Pero también está bien disfrutar del dinero que hemos conseguido.
Al final, administrar bien nuestro dinero consiste precisamente en encontrar ese equilibrio entre disfrutar del presente y pensar en el futuro.