jueves, 15 de octubre de 2026

¿Cómo pueden las familias ayudar a sus hijos a estudiar?

 


La familia tiene un papel muy importante en la educación de los niños y adolescentes. Aunque la enseñanza corresponde principalmente a los centros educativos y a los profesores, el apoyo que reciben los estudiantes en casa también puede influir mucho en su aprendizaje.

Ayudar a un hijo a estudiar no significa hacerle los deberes ni estar constantemente encima de él. Se trata de acompañarlo, motivarlo y proporcionarle unas condiciones adecuadas para que pueda aprender.

Crear un buen lugar de estudio

Uno de los aspectos más importantes es disponer de un espacio cómodo y tranquilo para estudiar.

El lugar debería tener una buena iluminación, una silla y una mesa adecuadas y pocas distracciones. También es importante que la temperatura sea agradable: estudiar con demasiado frío o demasiado calor puede dificultar la concentración.

No hace falta tener una habitación exclusivamente dedicada al estudio. Lo importante es disponer de un lugar donde el estudiante pueda concentrarse.

Establecer una rutina

Tener unos horarios relativamente estables puede ayudar a organizar mejor el tiempo.

Por ejemplo, después de llegar del colegio o instituto se puede reservar un momento para descansar, comer y posteriormente realizar los deberes y estudiar.

Una buena organización permite evitar que todo el trabajo se acumule para el último momento.

Mostrar interés por sus estudios

A veces una pregunta sencilla como “¿qué has aprendido hoy?” puede demostrar al niño que su familia se interesa por su educación.

Los padres pueden hablar con sus hijos sobre las asignaturas que más les gustan, las que les resultan difíciles o los exámenes que tienen próximamente.

Este interés no debe convertirse en una presión constante por conseguir buenas notas.

Ayudar sin hacer los deberes

Cuando un estudiante tiene dificultades, los padres pueden explicarle aquello que no entiende o ayudarle a buscar una solución.

Sin embargo, no deberían hacer los trabajos por él.

Cometer errores y aprender a resolver los problemas por uno mismo forma parte del aprendizaje. La función de la familia debe ser orientar y acompañar.

Fomentar la lectura

La lectura también es una excelente forma de aprender.

No es necesario limitarse a los libros que se mandan en el colegio. Los niños pueden leer novelas, cómics, revistas, periódicos o información sobre temas que despierten su curiosidad.

Leer ayuda a mejorar el vocabulario, la comprensión y la capacidad para expresarse.

Valorar el esfuerzo

Las notas son importantes, pero no deberían ser lo único que se valore.

Un estudiante puede esforzarse mucho y no conseguir siempre la mejor calificación. Reconocer ese esfuerzo puede ayudarle a mantener la motivación y a confiar más en sus capacidades.

Frases como “has trabajado mucho” o “lo has intentado y puedes seguir mejorando” pueden ser más útiles que comparar constantemente sus resultados con los de otros compañeros.

Controlar las distracciones

El móvil, las redes sociales, los videojuegos o la televisión pueden dificultar la concentración cuando se utilizan mientras se estudia.

Por eso puede ser conveniente establecer momentos concretos para utilizar los dispositivos y otros momentos destinados al estudio.

La intención no debería ser prohibirlos constantemente, sino enseñar a utilizarlos de manera responsable.

No olvidar el descanso

Estudiar muchas horas seguidas no significa necesariamente aprender más.

Dormir bien, realizar descansos y tener tiempo para jugar, hacer deporte o disfrutar de la familia y los amigos también es importante.

Un estudiante descansado puede concentrarse mejor que alguien que lleva muchas horas estudiando sin parar.

Mantener contacto con los profesores

La comunicación entre las familias y los centros educativos también es importante.

Los profesores pueden informar sobre la evolución del estudiante, sus dificultades y sus progresos. De esta manera, familia y escuela pueden trabajar conjuntamente para ayudar al niño.

El apoyo emocional también importa

La educación no consiste únicamente en aprender contenidos.

Los niños y adolescentes pueden sentirse preocupados, frustrados o nerviosos por los estudios. Por eso necesitan saber que pueden hablar con sus padres cuando tengan un problema.

Escuchar sin juzgar y ofrecer apoyo emocional también forma parte de ayudarles a aprender.

Mi reflexión

Desde mi punto de vista, los padres deben apoyar y motivar a sus hijos, pero sin convertir los estudios en una fuente constante de presión.

Es importante que el niño tenga un ambiente adecuado para estudiar, con una temperatura agradable, buena iluminación y tranquilidad. Pero también necesita descansar, divertirse y tener tiempo para sí mismo.

Cada estudiante tiene su propio ritmo y sus propias capacidades. Lo importante no es únicamente conseguir buenas notas, sino aprender, esforzarse y desarrollar poco a poco autonomía y responsabilidad.

Conclusión

Las familias pueden ayudar mucho a sus hijos en los estudios sin necesidad de convertirse en sus profesores.

Crear un ambiente adecuado, establecer rutinas, interesarse por lo que aprenden, fomentar la lectura, valorar el esfuerzo y ofrecer apoyo emocional son algunas de las mejores formas de acompañarlos.

En definitiva, la familia debe ser un apoyo y una fuente de motivación, ayudando a los niños y adolescentes a descubrir que aprender no tiene por qué ser una obligación que genere miedo o presión, sino una oportunidad para crecer y prepararse para el futuro.

miércoles, 14 de octubre de 2026

Ansiedad infantil: causas, síntomas y cómo ayudar a los niños a gestionar sus emociones

 

La ansiedad en los niños es más común de lo que muchas personas piensan. Sentir miedo, preocupación o nerviosismo ante situaciones nuevas forma parte del desarrollo normal. Sin embargo, cuando esas emociones son muy intensas, aparecen con frecuencia o interfieren en la vida diaria del niño, pueden convertirse en un problema que requiere atención.

Comprender la ansiedad infantil es fundamental para ayudar a los niños a desarrollar herramientas que les permitan gestionar sus emociones y crecer con mayor seguridad y bienestar.

¿Qué es la ansiedad infantil?

La ansiedad infantil es una respuesta emocional que aparece cuando un niño percibe una situación como amenazante, peligrosa o estresante, aunque para un adulto no lo parezca.

Puede manifestarse ante cambios importantes, experiencias desconocidas o situaciones que generan inseguridad.

En pequeñas dosis, la ansiedad cumple una función positiva, ya que prepara al organismo para afrontar los desafíos. El problema surge cuando esa respuesta es desproporcionada o se mantiene durante mucho tiempo.

Señales de alerta

Cada niño expresa la ansiedad de forma diferente, pero algunos de los síntomas más habituales son:

  • Miedo excesivo a separarse de los padres o cuidadores.
  • Temor intenso a la oscuridad, a determinados lugares o a algunas personas.
  • Dificultad para dormir o pesadillas frecuentes.
  • Dolor de cabeza o de barriga sin una causa médica que lo explique.
  • Irritabilidad o cambios de humor.
  • Llanto frecuente.
  • Evitar ir al colegio o participar en actividades.
  • Necesidad constante de recibir seguridad o aprobación.

Detectar estas señales a tiempo puede facilitar una intervención temprana y evitar que el problema se agrave.

Tipos de ansiedad infantil

Existen diferentes formas de ansiedad que pueden aparecer durante la infancia.

Ansiedad por separación

Es el miedo intenso a alejarse de los padres o de las personas con las que el niño mantiene un vínculo afectivo.

Fobias específicas

Consisten en un miedo muy intenso hacia objetos, animales o situaciones concretas, como la oscuridad, los perros o las tormentas.

Ansiedad social

El niño siente un miedo excesivo a ser observado, juzgado o rechazado por otras personas, especialmente en el colegio o en actividades con otros niños.

Trastorno de ansiedad generalizada

Se caracteriza por una preocupación constante sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana, incluso cuando no existe un motivo claro para ello.

Síntomas según la edad

La ansiedad puede manifestarse de manera diferente dependiendo de la etapa del desarrollo.

De 3 a 6 años

  • Miedo a separarse de los padres.
  • Llanto frecuente.
  • Regresión en algunas conductas, como volver a mojar la cama.
  • Temor a la oscuridad o a personajes imaginarios.

De 6 a 12 años

  • Preocupación por el rendimiento escolar.
  • Dolores físicos sin explicación médica.
  • Evitación de determinadas actividades.
  • Necesidad constante de tranquilidad por parte de los adultos.

Adolescencia

  • Ansiedad social.
  • Aislamiento.
  • Irritabilidad.
  • Preocupación excesiva por la imagen personal o por la opinión de los demás.

¿Cuáles pueden ser las causas?

La ansiedad infantil suele aparecer por la combinación de varios factores.

Entre los más frecuentes se encuentran:

  • Un temperamento más sensible o tímido.
  • Cambios importantes, como una mudanza o un cambio de colegio.
  • Separación o conflictos familiares.
  • Experiencias negativas o traumáticas.
  • Factores hereditarios o antecedentes familiares de ansiedad.
  • Situaciones de estrés mantenido.

En muchos casos no existe una única causa, sino la combinación de varios elementos.

Cómo pueden ayudar los padres

La familia desempeña un papel muy importante en el bienestar emocional del niño.

Algunas estrategias útiles son:

  • Escuchar al niño sin minimizar sus emociones.
  • Validar sus sentimientos con frases como: "Entiendo que estés preocupado".
  • Mantener horarios estables para dormir, comer y estudiar.
  • Evitar la sobreprotección y permitir que afronte pequeños retos adecuados a su edad.
  • Enseñar técnicas sencillas de respiración y relajación.
  • Dar ejemplo afrontando las dificultades con calma.
  • Reforzar sus logros y avances, aunque sean pequeños.

El objetivo no es eliminar todos los miedos, sino ayudar al niño a aprender a gestionarlos.

¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

Es recomendable consultar con un profesional de la psicología infantil cuando:

  • La ansiedad dura varias semanas o meses.
  • Interfiere en el rendimiento escolar.
  • El niño evita muchas actividades.
  • Los síntomas físicos aparecen con frecuencia sin una causa médica.
  • El malestar afecta a la convivencia familiar o a sus relaciones sociales.

La intervención temprana suele ofrecer muy buenos resultados y puede prevenir problemas mayores durante la adolescencia o la edad adulta.

La importancia de comprender las emociones

A veces los adultos interpretan algunos comportamientos infantiles como desobediencia, falta de interés o simple timidez, cuando en realidad el niño puede estar experimentando ansiedad.

Por eso es importante escuchar antes de juzgar.

Sentirse comprendido ayuda al niño a desarrollar confianza y seguridad para expresar lo que siente.

Reflexión personal

En mi opinión, la salud mental de los niños merece la misma atención que su salud física.

Cuando un niño expresa miedo o preocupación no siempre necesita que le digan que "no pasa nada". Muchas veces necesita que un adulto le escuche, le acompañe y le ayude a entender lo que está sintiendo.

Crear un ambiente familiar donde los niños puedan expresar sus emociones con libertad favorece su desarrollo emocional y fortalece su autoestima.

Conclusión

La ansiedad infantil es una realidad que puede afectar a muchos niños en diferentes etapas de su desarrollo.

Aunque sentir miedo o preocupación es completamente normal, cuando esos sentimientos se vuelven muy intensos o persistentes es importante prestarles atención.

La comprensión, el apoyo familiar y, cuando sea necesario, la ayuda de profesionales pueden marcar una gran diferencia.

Acompañar a los niños en la gestión de sus emociones no solo mejora su bienestar actual, sino que también les proporciona herramientas para afrontar con mayor seguridad los retos que encontrarán a lo largo de su vida.

martes, 13 de octubre de 2026

Discapacidad y discriminación laboral: conseguir un trabajo no debería ser una carrera de obstáculos

 


Las personas con discapacidad siguen encontrándose con numerosas dificultades para acceder al mercado laboral y conseguir una oportunidad profesional en igualdad de condiciones. Aunque se ha avanzado en materia de inclusión y existen leyes destinadas a proteger sus derechos, todavía queda mucho camino por recorrer para que la igualdad sea una realidad.

En ocasiones, parece que la sociedad ha comprendido la importancia de integrar a las personas con discapacidad, pero la realidad demuestra que las buenas intenciones no siempre se traducen en oportunidades concretas. Encontrar una empresa dispuesta a contratar, demostrar la propia capacidad y desarrollar una carrera profesional puede convertirse en un proceso complicado.

Además, el problema no termina cuando una persona consigue un empleo. También es importante que pueda desarrollar su actividad en un ambiente de respeto, sin burlas, discriminación ni comportamientos que dificulten su trabajo. Porque la inclusión laboral no consiste únicamente en conseguir un contrato, sino también en tener la posibilidad de trabajar con dignidad.

Las dificultades para acceder a un empleo

Una de las principales preocupaciones es la dificultad que encuentran algunas personas con discapacidad para conseguir trabajo. En determinados procesos de selección pueden aparecer prejuicios sobre sus capacidades, su rendimiento o las necesidades que podrían tener para desempeñar una actividad profesional.

En lugar de valorar la formación, la experiencia y las aptitudes de cada candidato, algunas empresas pueden dejarse llevar por ideas preconcebidas sobre la discapacidad. Esto supone un problema, porque una discapacidad no determina por sí sola la capacidad de una persona para realizar un trabajo.

Cada persona tiene unas circunstancias diferentes. Hay quienes necesitan determinadas adaptaciones en su puesto, mientras que otras pueden desarrollar sus funciones sin cambios importantes. Por eso, lo razonable es estudiar las características del puesto y las capacidades del candidato, en lugar de descartarlo por una condición personal.

También cabe preguntarse hasta qué punto influyen la imagen y los prejuicios sociales. En determinados entornos parece que se concede demasiada importancia a la apariencia o a la idea de contar con trabajadores que encajen en un modelo considerado normal. Sin embargo, una empresa debería valorar principalmente la profesionalidad, la responsabilidad y la capacidad para cumplir con las funciones del puesto.

La diversidad no debería contemplarse como un inconveniente, sino como una realidad que forma parte de cualquier sociedad.

Conseguir una plaza tampoco garantiza la inclusión

La situación puede ser especialmente frustrante cuando una persona logra acceder a un puesto después de mucho esfuerzo, preparación y estudio. Pensemos, por ejemplo, en alguien que consigue una plaza mediante una oposición y que, una vez incorporado a su puesto de trabajo, comienza a experimentar dificultades en la relación con sus superiores o con algunos compañeros.

Aprobar una oposición exige dedicación, constancia y preparación. Por eso, cuando alguien supera ese proceso y consigue una plaza, lo razonable es que pueda desarrollar su trabajo en condiciones adecuadas, con el mismo respeto que merece cualquier otro empleado.

Sin embargo, la obtención de una plaza no elimina automáticamente todos los prejuicios. Una persona puede haber demostrado sus conocimientos y su capacidad profesional y, aun así, encontrarse con actitudes negativas relacionadas con su discapacidad.

En algunos casos, las dificultades pueden aparecer en forma de comentarios inapropiados, falta de colaboración, exclusión de determinadas actividades o cuestionamientos injustificados sobre su capacidad. Cuando estas conductas se repiten y se utilizan para menospreciar o perjudicar a una persona por su discapacidad, el problema puede llegar a convertirse en una situación de acoso o discriminación.

No se trata de afirmar que todos los jefes o compañeros actúen de esta manera, porque sería injusto generalizar. Pero tampoco podemos ignorar que estas situaciones pueden producirse y que merecen una respuesta adecuada.

Un trabajador debería poder concentrarse en sus responsabilidades profesionales sin tener que demostrar continuamente que merece estar allí por el simple hecho de tener una discapacidad.

Las burlas no son una forma de humor

La discriminación también puede manifestarse mediante las burlas. En ocasiones, una característica física, una dificultad de comunicación o una necesidad de apoyo se convierte en motivo de comentarios que buscan provocar risas a costa de otra persona.

Esto puede suceder en el entorno laboral, en un espectáculo público o en las redes sociales. Algunas personas justifican estos comportamientos diciendo que solo se trata de humor, pero conviene distinguir entre una broma compartida y una humillación dirigida contra alguien por su discapacidad.

El humor puede desempeñar una función positiva en la sociedad. Puede ayudarnos a relativizar problemas, compartir experiencias y cuestionar determinados comportamientos. Sin embargo, cuando se utiliza para degradar a una persona o fomentar el desprecio hacia un colectivo, sus consecuencias son muy diferentes.

En el trabajo, las burlas reiteradas pueden deteriorar las relaciones entre compañeros y dificultar que una persona se sienta integrada. En las redes sociales, determinados comentarios y publicaciones pueden alcanzar una gran difusión y prolongar la humillación mucho más allá del momento en que se produjeron.

Por eso, es importante recordar que la libertad de expresión no significa que cualquier conducta esté libre de consecuencias. La valoración jurídica dependerá de lo sucedido, de su contexto y de las normas aplicables.

Reírse con alguien no es lo mismo que convertirlo en objeto de burla. La diferencia es importante y dice mucho sobre la manera en que entendemos el respeto.

¿Qué dice la legislación española?

En España existen normas que protegen los derechos de las personas con discapacidad y prohíben determinadas formas de discriminación.

El texto refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social establece garantías de igualdad de trato en el ámbito laboral. Su artículo 35 contempla la protección frente a la discriminación en el acceso al empleo, las condiciones de trabajo y la promoción profesional. Además, considera discriminatorio el acoso por razón de discapacidad.

La normativa también prevé medidas para facilitar la adaptación de los puestos de trabajo y mejorar la accesibilidad, de acuerdo con las necesidades de cada situación y las condiciones legalmente establecidas.

Puedes consultar la legislación en el Boletín Oficial del Estado.

Que existan estas garantías es importante, pero también lo es que se conozcan y se apliquen. Una ley puede establecer derechos, aunque para hacerlos efectivos es necesario que las instituciones y las organizaciones actúen cuando se producen situaciones de discriminación.

La responsabilidad de las empresas y de los compañeros

Las empresas tienen una responsabilidad que va más allá de contratar trabajadores. También deben contribuir a crear un entorno profesional en el que las personas puedan desempeñar sus funciones sin sufrir discriminación.

Esto requiere establecer normas claras frente al acoso, prestar atención a las quejas y evitar que las conductas inadecuadas se normalicen. Los responsables de una organización deben actuar con imparcialidad y valorar las situaciones concretas, sin restar importancia a un problema por considerar que se trata de una simple broma.

Los compañeros también tienen un papel importante. No hace falta ocupar un puesto de responsabilidad para contribuir a un ambiente laboral respetuoso. Evitar comentarios ofensivos, no participar en burlas y apoyar a quien está siendo tratado injustamente son comportamientos que ayudan a mejorar la convivencia.

La inclusión no depende únicamente de las leyes o de las decisiones de los responsables de una empresa. También se construye mediante las actitudes cotidianas de quienes comparten un espacio de trabajo.

Todavía queda mucho por hacer

Resulta contradictorio que se hable de igualdad de oportunidades mientras algunas personas siguen encontrando barreras para acceder a un empleo o dificultades para integrarse una vez contratadas.

No basta con organizar campañas de sensibilización o recordar que todas las personas tienen los mismos derechos. Es necesario trasladar esos principios a la práctica y comprobar que se respetan en los procesos de selección y en las relaciones laborales.

También debemos evitar que la discapacidad se utilice como una explicación automática de cualquier dificultad profesional. Lo justo es valorar a cada trabajador por su desempeño y ofrecer los apoyos que correspondan cuando sean necesarios.

Una sociedad inclusiva no es aquella en la que nunca existen problemas, sino aquella que reconoce las situaciones de discriminación y trabaja para corregirlas.

Conclusión: trabajar con dignidad es un derecho

La inclusión laboral de las personas con discapacidad continúa siendo un desafío que requiere compromiso por parte de las empresas, las administraciones y la sociedad.

Conseguir un empleo puede exigir un esfuerzo considerable, pero conservarlo y desarrollar una trayectoria profesional tampoco debería convertirse en una lucha contra los prejuicios. Quien obtiene una plaza mediante una oposición o supera un proceso de selección tiene derecho a que su trabajo se valore de manera justa y a desarrollar sus funciones en un entorno respetuoso.

Las burlas, la discriminación y el acoso no deberían tener cabida en ningún centro de trabajo. Cuando aparecen, es importante no normalizarlos y actuar de acuerdo con las circunstancias.

En mi opinión, todavía debemos avanzar mucho para conseguir una inclusión real. No podemos hablar de igualdad mientras la discapacidad siga siendo motivo de rechazo, mientras se juzgue a las personas antes de conocer sus capacidades o mientras alguien tenga que soportar un trato injusto por ser diferente.

La verdadera inclusión no consiste solamente en abrir la puerta de una empresa a una persona con discapacidad, sino en permitir que entre, trabaje, progrese y sea tratada con el mismo respeto que los demás.

Porque tener una discapacidad no debería significar disponer de menos oportunidades ni tener que demostrar constantemente que uno merece ocupar su puesto. El trabajo debe ser un espacio de desarrollo profesional, convivencia y respeto, no un lugar donde los prejuicios se conviertan en obstáculos añadidos.

lunes, 12 de octubre de 2026

CD Málaga 6-2 Real Madrid: la histórica goleada de La Rosaleda en 1983

 


Hay partidos que forman parte para siempre de la historia de un club. Para los aficionados al fútbol malagueño, uno de ellos es el que disputaron el CD Málaga y el Real Madrid el 11 de septiembre de 1983.

Aquel día, en la segunda jornada de la temporada 1983/84, La Rosaleda vivió una de las grandes tardes de su historia. El CD Málaga, dirigido por Antonio Benítez, derrotó al Real Madrid de Alfredo Di Stéfano por 6-2.

No era un resultado cualquiera. El Real Madrid llegaba a Málaga como uno de los grandes equipos del fútbol español, pero aquella tarde el conjunto malaguista fue muy superior y consiguió una goleada que todavía permanece en la memoria de muchos aficionados.

Toto abrió el camino

El partido comenzó con un Málaga dispuesto a plantar cara.

En el minuto 20 llegó el primer gol. Toto consiguió el 1-0 y puso a La Rosaleda en pie.

El equipo malagueño siguió buscando la portería madridista y no se conformó con defender la ventaja.

Cuando parecía que el descanso estaba cerca, apareció Martín. En el minuto 43 marcó el segundo tanto y el CD Málaga se marchó al descanso con un sorprendente 2-0.

Martín se convierte en protagonista

La segunda parte fue todavía más espectacular.

En el minuto 53, Martín volvió a marcar y colocó el 3-0 en el marcador.

El Real Madrid consiguió reaccionar y Juanito, uno de los grandes futbolistas de aquel equipo y nacido en Fuengirola, redujo distancias en el minuto 64 desde el punto de penalti.

Pero el Málaga no se vino abajo.

En el minuto 69, Canillas marcó el cuarto gol malaguista y puso de nuevo tres goles de diferencia entre ambos equipos.

Y todavía quedaba más.

El hat-trick de Martín

En el minuto 76 llegó uno de los momentos más recordados del partido.

Martín transformó un penalti y consiguió su tercer gol de la tarde.

El marcador ya reflejaba un impresionante 5-1.

Juanito volvió a marcar para el Real Madrid en el minuto 82, pero el partido estaba prácticamente decidido.

Cinco minutos después, en el 87, José Hurtado consiguió el sexto gol del CD Málaga.

El marcador final fue contundente:

CD Málaga 6-2 Real Madrid

Los seis goles malaguistas fueron obra de Toto, Martín (tres), Canillas y José Hurtado. Por parte madridista, Juanito marcó los dos tantos.

Los protagonistas de aquella tarde

El CD Málaga salió al terreno de juego con Fernando Peralta en la portería y jugadores como Popó, Brescia, Regenhart, Urdaci, Canillas, Martín, Recio, Juan Carlos, Toto y José Hurtado.

Antonio Benítez dirigía al conjunto malagueño desde el banquillo.

Enfrente estaba un Real Madrid entrenado por Alfredo Di Stéfano, con futbolistas de la talla de García Remón, Camacho, Metgod, Santillana y Juanito.

El partido también tuvo un detalle curioso: Vicente del Bosque entró en el Real Madrid en la segunda parte.

Una de las grandes goleadas del CD Málaga

Aquel 6-2 no fue la primera gran goleada del CD Málaga ante el Real Madrid.

Treinta años antes, el 15 de marzo de 1953, el conjunto malagueño había derrotado al equipo madrileño por 6-0.

Por eso, el 6-2 de 1983 se convirtió en la segunda ocasión en la que el CD Málaga consiguió marcar seis goles al Real Madrid en Liga. El propio Málaga CF destaca que el CD Málaga fue el único equipo que consiguió marcarle seis tantos al Real Madrid en más de una ocasión en la competición liguera.

Una tarde para recordar

El 11 de septiembre de 1983 quedó marcado para siempre en la historia del fútbol malagueño.

La Rosaleda vivió una de esas tardes que cualquier aficionado desea recordar: un equipo de Málaga derrotando con claridad a uno de los grandes del fútbol español.

Han pasado más de cuatro décadas y todavía se habla de aquel partido.

Porque el fútbol también está formado por recuerdos.

Por jugadores que dejaron huella, por estadios llenos, por tardes inolvidables y por resultados que sobreviven al paso del tiempo.

Y aquel 6-2 del CD Málaga al Real Madrid es, sin duda, uno de esos recuerdos que forman parte de la historia del fútbol malagueño.

La Rosaleda aquella tarde no solo vio una goleada. Vio historia.

domingo, 11 de octubre de 2026

Aprender a vivir con más tranquilidad: valorar los pequeños momentos de la vida


Cada día comienza de una manera diferente

Hoy me he levantado, como casi siempre, a las siete y media de la mañana. Me dolía un poco la espalda y hacía bastante calor. Puede parecer una mañana cualquiera, pero me ha hecho pensar en algo que muchas veces olvidamos: cada día es diferente y cada persona afronta la jornada según sus circunstancias.

Hay personas que duermen más de ocho horas y, aun así, se levantan cansadas porque no han descansado bien. Otras duermen menos y sienten que tienen energía para afrontar el día. El descanso no depende únicamente del número de horas que dormimos, sino también de la calidad del sueño y de otros factores que influyen en cómo nos encontramos.

Cada persona tiene sus propias preocupaciones, sus dificultades y su manera de afrontar la vida. Por eso, no todos comenzamos el día con el mismo ánimo ni tenemos la misma capacidad para hacer frente a lo que nos espera.

El descanso y la tranquilidad también importan

A lo largo del día intentamos encontrar momentos para relajarnos, aunque no siempre resulta sencillo. Hay personas que consiguen desconectar con facilidad, mientras que otras tienen tantas preocupaciones que les cuesta dejar de pensar en sus problemas.

El calor también puede influir en nuestro bienestar. Cuando las temperaturas son muy elevadas, podemos sentir más cansancio, dormir peor o encontrarnos más incómodos e irritables. En mi caso, prefiero las temperaturas intermedias, sin demasiado calor ni demasiado frío.

Cuando hace mucho calor, noto que me cuesta más descansar y que puedo sentirme más estresado. Con el paso de los años, intento tomarme las cosas con más tranquilidad. Algunas veces lo consigo y otras no, porque todos tenemos días mejores y peores. Sin embargo, cada vez soy más consciente de que vivir permanentemente bajo tensión no es una buena manera de afrontar la vida.

Encontrar momentos para desconectar

Cada persona tiene sus propias formas de relajarse. Algunos prefieren salir a caminar, hacer deporte, escuchar música o pasar tiempo con familiares y amigos. Otros encuentran tranquilidad leyendo, viendo una película o disfrutando de un rato de silencio.

En mi caso, uno de los momentos que más disfruto es cuando me siento delante del ordenador para escribir en mi blog. Escribir me permite expresar mis ideas, reflexionar sobre diferentes temas y dedicar tiempo a algo que me gusta.

También disfruto escuchando la radio y, por la tarde o por la noche, me gusta sentarme en el sofá para ver una serie o una película. Son actividades sencillas, pero me ayudan a desconectar de las preocupaciones y a terminar el día de una manera más tranquila.

No siempre necesitamos hacer grandes planes para sentirnos bien. A veces, basta con encontrar un pequeño espacio para nosotros mismos y disfrutar de aquello que nos hace sentir cómodos.

El estrés de vivir siempre con prisas

Vivimos en una sociedad en la que parece que siempre tenemos algo pendiente. El trabajo, las responsabilidades familiares, las obligaciones y las preocupaciones económicas pueden hacer que pasemos buena parte del día pensando en lo que tenemos que resolver.

Es normal tener momentos de tensión, pero cuando el estrés se prolonga puede afectar a nuestro bienestar físico y emocional. Por eso, considero importante aprender a reconocer cuándo necesitamos parar, descansar y cambiar el ritmo.

No se trata de ignorar los problemas ni de pensar que todo se soluciona fácilmente. Hay situaciones que requieren esfuerzo, decisiones difíciles y tiempo. Sin embargo, preocuparnos constantemente por todo tampoco hace que encontremos siempre una solución.

A veces necesitamos aceptar que no podemos controlar todas las circunstancias y concentrarnos en aquello que sí está en nuestras manos.

Con los años aprendemos a valorar otras cosas

Con el paso del tiempo, nuestra manera de entender la vida puede cambiar. Quizá sea porque me doy cuenta de que me estoy haciendo mayor, pero cada vez valoro más la tranquilidad, el descanso y los pequeños momentos que antes podían pasar desapercibidos.

No siempre se trata de conseguir más cosas, cumplir todos los objetivos o tener cada minuto ocupado. También es importante sentirse bien con uno mismo, disfrutar de las aficiones y encontrar momentos en los que no tengamos que estar pendientes de tantas obligaciones.

La tranquilidad no significa vivir sin problemas. Significa intentar que las preocupaciones no ocupen todo nuestro espacio y aprender a reservar tiempo para aquello que nos aporta bienestar.

Aprender a disfrutar del presente

Desde mi opinión personal, creo que la vida pasa demasiado deprisa como para vivir siempre con prisas y tensión. No podemos evitar que aparezcan dificultades, pero sí podemos intentar cambiar nuestra manera de afrontarlas y dar más importancia a los momentos que nos hacen sentir bien.

Cada persona tendrá sus propias circunstancias y encontrará la tranquilidad de una manera diferente. Lo importante es descubrir qué nos ayuda a desconectar, descansar y recuperar fuerzas para continuar.

Al final, muchas veces son las cosas más sencillas las que más valor tienen: escuchar la radio, escribir unas líneas, disfrutar de una buena película o sentarnos tranquilamente al terminar el día.

La vida no consiste solamente en resolver problemas y cumplir obligaciones. También consiste en aprender a disfrutar de los pequeños momentos que tenemos a nuestro alcance.