Los deberes forman parte de la vida escolar desde hace muchos años. Cuando era estudiante también me mandaban deberes y, además, yo mismo procuraba estudiar para no dejarlo todo para el último día.
Ha pasado bastante tiempo desde entonces, pero creo que hay una cuestión que sigue siendo importante: ¿cuánto tiempo deberían ocupar los deberes fuera del aula?
Los deberes pueden ser útiles para repasar, practicar y consolidar lo aprendido en clase. Sin embargo, cuando se acumulan demasiadas tareas, pueden terminar teniendo el efecto contrario al que buscamos.
Los deberes también pueden ser útiles
Unos deberes bien planteados pueden aportar diferentes beneficios.
Permiten practicar los contenidos explicados en clase, ayudan a adquirir determinados hábitos de estudio y pueden enseñar al alumno a organizarse y asumir responsabilidades.
También pueden servir para que el profesor compruebe si los estudiantes han entendido aquello que se ha trabajado durante las clases.
Además, aprender a realizar determinadas tareas de manera autónoma puede ser útil a medida que los alumnos avanzan hacia cursos superiores.
Por tanto, no creo que el problema sean los deberes en sí mismos.
El problema puede aparecer cuando la cantidad de tareas termina siendo excesiva.
El estudiante también necesita tiempo para desconectar
Un alumno no solo tiene que estudiar.
También necesita descansar, dormir bien, hacer ejercicio, pasar tiempo con su familia y sus amigos, tener aficiones y simplemente desconectar durante un rato.
Después de varias horas en el instituto, si todavía tiene que dedicar gran parte de la tarde a completar ejercicios y estudiar, puede aparecer la sensación de que la jornada escolar nunca termina.
Y descansar también forma parte de una vida saludable.
No todo el tiempo libre tiene que convertirse en tiempo de estudio.
No todos los alumnos tienen las mismas circunstancias
Además, hay otra cuestión que deberíamos tener en cuenta.
No todos los estudiantes tienen las mismas condiciones cuando llegan a casa.
Algunos cuentan con ayuda de sus familias, clases particulares, un espacio tranquilo para estudiar o más facilidades para organizarse. Otros pueden tener más dificultades.
Por eso, mandar más deberes no significa necesariamente aprender más.
La cantidad no siempre es sinónimo de calidad.
Un ejercicio bien elegido puede ser mucho más útil que una larga lista de actividades repetitivas que el alumno realiza simplemente para terminar cuanto antes.
¿Deberes sí o deberes no?
Creo que el debate no debería reducirse a decir simplemente “deberes sí” o “deberes no”.
La pregunta más interesante sería:
¿Qué deberes tienen realmente sentido y cuánto tiempo es razonable dedicarles?
Unas tareas breves, relacionadas con lo trabajado en clase y adaptadas al nivel de los alumnos pueden ayudar a reforzar el aprendizaje.
Pero cuando los deberes ocupan prácticamente toda la tarde, quizá habría que preguntarse si estamos consiguiendo que los estudiantes aprendan más o simplemente estamos ocupando más horas de su día.
Mi experiencia como estudiante
Cuando yo estudiaba también tenía deberes.
Además de hacer las tareas que me mandaban, procuraba estudiar para no dejarlo todo para el último día. Hace ya bastante tiempo de aquella etapa, pero recuerdo que estudiar y cumplir con las obligaciones formaba parte de la rutina.
Por eso tampoco creo que los estudiantes deban acostumbrarse a pensar que todo el aprendizaje termina cuando salen del instituto.
Estudiar, repasar y esforzarse son importantes.
Pero también creo que debemos entender que una cosa es tener responsabilidades y otra muy diferente es no disponer prácticamente de tiempo para nada más.
La importancia de encontrar un equilibrio
La educación debería ayudar a los alumnos a aprender, pero también a desarrollar otras capacidades y a crecer como personas.
Un estudiante necesita conocimientos, pero también necesita relacionarse con otras personas, hacer deporte, disfrutar de sus aficiones, descansar y tener momentos en los que no esté pensando en los estudios.
Por eso, quizá la clave esté en encontrar un equilibrio.
Los deberes pueden formar parte del aprendizaje, pero no deberían ocupar todo el espacio que existe fuera del aula.
Conclusión
Los deberes pueden ser una herramienta útil cuando tienen un objetivo claro y una cantidad razonable.
Permiten practicar, repasar, adquirir responsabilidad y aprender a organizarse. Pero cuando son excesivos pueden provocar estrés, reducir el tiempo libre y hacer que estudiar termine convirtiéndose en una fuente constante de cansancio.
No se trata de eliminar los deberes ni de llenar las tardes de tareas.
Se trata de encontrar un punto intermedio.
Porque educar no consiste solamente en conseguir que un estudiante haga más ejercicios, sino en ayudarle a aprender sin olvidar que también necesita tiempo para descansar, relacionarse, disfrutar y vivir fuera del aula.