lunes, 19 de octubre de 2026

¿Por qué cuesta tanto encontrar trabajo siendo joven?

 


Encontrar trabajo cuando eres joven puede convertirse en una de las primeras grandes dificultades de la vida laboral. No siempre es cuestión de falta de ganas, de preparación o de esfuerzo. En muchas ocasiones existe una barrera bastante evidente: para conseguir trabajo te piden experiencia, pero para conseguir experiencia necesitas que alguien te dé una primera oportunidad.

Es una especie de círculo vicioso que afecta especialmente a quienes intentan acceder por primera vez al mercado laboral.

La falta de experiencia

Uno de los principales obstáculos es precisamente la experiencia.

Muchas empresas buscan personas que puedan incorporarse a un puesto y desenvolverse con cierta autonomía desde el principio. Formar a un trabajador requiere tiempo y recursos, por lo que algunas compañías prefieren contratar a alguien que ya haya realizado funciones similares.

Y aquí aparece una situación bastante curiosa:

«Se busca persona joven, dinámica y con tres años de experiencia».

Es una contradicción que se ha convertido casi en un clásico de las ofertas de empleo. Si una persona está buscando precisamente su primera oportunidad laboral, resulta difícil que pueda acumular varios años de experiencia profesional.

Por eso, uno de los momentos más complicados suele ser conseguir ese primer empleo que permita romper el círculo.

Tener estudios no siempre significa tener experiencia práctica

Una persona joven puede tener buenos resultados académicos, títulos, cursos, conocimientos de idiomas o formación especializada y, aun así, no haber trabajado nunca.

Los estudios proporcionan conocimientos fundamentales, pero el mundo laboral también exige aprender a desenvolverse en situaciones reales: trabajar en equipo, cumplir horarios y responsabilidades, tratar con clientes o compañeros, resolver problemas o adaptarse a las circunstancias de cada puesto.

Por eso, al comenzar la vida laboral pueden tener bastante importancia elementos como las prácticas, los proyectos personales, el voluntariado, los idiomas, las competencias digitales o un portfolio cuando se trata de profesiones en las que pueda mostrarse el trabajo realizado.

No sustituyen necesariamente a la experiencia profesional, pero pueden demostrar que una persona ya ha empezado a desarrollar determinadas capacidades.

Las empresas también tienen que tomar decisiones

Desde el punto de vista de una empresa, contratar a alguien con experiencia puede resultar más sencillo en determinados puestos.

Una persona que ya conoce el funcionamiento del sector puede necesitar menos formación y supervisión inicial. Eso no significa que un trabajador joven sea peor, sino que la empresa puede valorar de manera diferente el riesgo, el tiempo de formación y los costes asociados a una incorporación.

El problema aparece cuando se exige experiencia incluso para puestos que podrían servir precisamente para adquirirla.

Mucha competencia para los puestos de entrada

Los empleos que no requieren experiencia suelen recibir muchas candidaturas.

Es lógico: si una oferta está abierta a personas que están empezando, el número de posibles candidatos puede ser muy elevado.

Esto significa que alguien puede cumplir todos los requisitos básicos de una oferta y, aun así, no ser seleccionado.

En ese contexto, pequeños elementos pueden marcar diferencias: una formación relacionada con el puesto, conocimientos informáticos, idiomas, capacidad para trabajar en equipo, disponibilidad o haber realizado anteriormente alguna actividad relacionada.

El primer empleo puede ser el más difícil

Existe una especie de escalera laboral:

0 experiencia → primera oportunidad → experiencia → más oportunidades → mejores opciones laborales.

El primer escalón puede ser el más complicado.

Una vez que una persona ha trabajado, puede incluir esa experiencia en su currículum y explicar en una entrevista qué funciones desempeñó, qué aprendió y qué responsabilidades tuvo.

Pero antes de llegar a ese punto alguien tiene que darle una oportunidad.

España ha mejorado, pero el empleo juvenil sigue teniendo dificultades

El problema no afecta únicamente a cada joven de manera individual. También depende de cómo funcione el mercado laboral.

En España, el desempleo juvenil ha sido históricamente elevado. Los datos del Servicio Público de Empleo Estatal muestran que durante 2025 el paro juvenil continuó descendiendo y alcanzó uno de sus niveles más bajos de la última década, aunque el desempleo entre los jóvenes continúa siendo elevado en comparación con otros grupos de edad.

Por tanto, la situación ha mejorado, pero eso no significa que encontrar el primer empleo sea sencillo para todos.

Los programas de empleo pueden abrir una primera puerta

Una de las posibilidades para facilitar esa transición son los programas destinados específicamente a jóvenes que todavía no han conseguido incorporarse al mercado laboral.

En Málaga, por ejemplo, el Ayuntamiento cuenta con el Instituto Municipal para la Formación y el Empleo (IMFE) y con servicios de orientación y colocación dirigidos a facilitar el acceso al mercado laboral. Actualmente existen también programas de empleo y formación que combinan formación con práctica profesional.

Y esto no es solamente una cuestión teórica.

Mi primer empleo llegó precisamente gracias a una oportunidad de este tipo.

El Ayuntamiento de Málaga puso en marcha un programa destinado a facilitar el acceso de jóvenes a su primer empleo y, gracias a él, tuve la oportunidad de comenzar a trabajar en los servicios operativos.

Aquella primera experiencia fue importante porque permitió precisamente romper esa barrera inicial: dejar de ser una persona que buscaba su primer empleo para convertirse en alguien que ya podía decir que había trabajado.

Y esa diferencia, aunque pueda parecer pequeña, tiene bastante importancia cuando posteriormente vuelves a buscar trabajo.

También podemos empezar a construir experiencia por nuestra cuenta

Hoy existen además muchas posibilidades para desarrollar capacidades antes de conseguir un empleo tradicional.

Una persona joven puede aprender marketing, diseño, edición de vídeo, programación, herramientas digitales, inteligencia artificial u otras competencias y ponerlas en práctica mediante proyectos propios.

Eso no significa que un proyecto personal sea exactamente lo mismo que haber trabajado para una empresa. Pero sí permite llegar a una entrevista y explicar algo más que «no tengo experiencia».

Se puede decir:

«Todavía no he trabajado profesionalmente en una empresa, pero he aprendido esto y he realizado estos proyectos».

Y la conversación cambia.

La primera oportunidad importa mucho

Encontrar trabajo siendo joven no debería convertirse en una prueba imposible en la que se exige experiencia antes de permitir adquirirla.

La formación es importante, pero también lo es ofrecer oportunidades para ponerla en práctica.

Los programas de primer empleo, las prácticas, la formación profesional, los proyectos personales y otras vías de acceso pueden ayudar a romper ese círculo inicial.

Porque al final existe una realidad bastante sencilla:

nadie nace con experiencia.

Toda persona que hoy tiene diez, quince o veinte años de trayectoria profesional tuvo alguna vez su primer día de trabajo.

Y para llegar a ese primer día, alguien tuvo que darle una oportunidad.

domingo, 18 de octubre de 2026

La violencia en la sociedad actual: estrés, impulsos y falta de control emocional

 


Una reflexión personal sobre por qué reaccionamos con más agresividad y cómo está cambiando la convivencia

Buenos días. En estos días tengo la sensación —quizás compartida por muchos— de que la violencia en la sociedad está aumentando, o al menos estamos viendo más situaciones donde las personas reaccionan de forma desproporcionada ante conflictos cotidianos.

A veces ocurre por algo tan simple como una discusión de tráfico, y el resultado puede ser trágico. Esto invita a una reflexión profunda:
¿qué está pasando en nuestra forma de relacionarnos?

La violencia no tiene una sola causa

La violencia no aparece de la nada ni se puede explicar con un único motivo. Es el resultado de una combinación de factores:

  • Biológicos
  • Psicológicos
  • Sociales
  • Económicos
  • Culturales

Cada persona es distinta, y cada situación también, pero hay patrones que se repiten en muchos casos.

Factores que pueden influir en la violencia

Desde un punto de vista general, algunas de las causas más comunes son:

1. Miedo y sensación de amenaza

El ser humano puede reaccionar de forma agresiva cuando siente que pierde el control o que está en peligro, incluso si la amenaza no es real o es exagerada.

2. Aprendizaje social

Muchas conductas violentas se aprenden. Si una persona crece en entornos donde la violencia es habitual —en casa, en la calle, en conflictos constantes— puede acabar normalizándola.

3. Desigualdad y frustración

La pobreza, la falta de oportunidades o la sensación de injusticia generan frustración acumulada que, en algunos casos, puede transformarse en agresividad.

4. Problemas emocionales y traumas

Experiencias difíciles como el abandono, el abuso o traumas no tratados pueden influir en la forma en la que una persona gestiona sus emociones.

5. Búsqueda de poder o control

En algunos casos, la violencia se utiliza como una forma de dominar, imponer miedo o controlar a otros.

6. Factores culturales y sociales

Hay entornos donde la agresividad o la “fuerza” se interpretan como signos de poder o respeto, lo que puede reforzar comportamientos violentos.

Tipos de violencia en la sociedad

Hoy en día la violencia no es solo física. Existen diferentes formas:

  • Violencia física
  • Violencia psicológica
  • Violencia económica
  • Violencia sexual
  • Violencia política
  • Violencia digital o en internet

Especialmente esta última ha crecido mucho en los últimos años.

La violencia en internet

No estoy en contra de internet, al contrario, es una herramienta muy útil en la vida moderna. Pero también es cierto que mal utilizado puede convertirse en un espacio de agresión constante:

  • Insultos en redes sociales
  • Acoso digital
  • Difusión de odio
  • Ataques personales

El problema no es la tecnología en sí, sino el uso que hacemos de ella.

El estrés social como detonante

En mi opinión, uno de los factores que más está influyendo en la violencia actual es el estrés.

Vivimos en una sociedad donde todo parece ir más rápido:

  • Más presión laboral
  • Más incertidumbre económica
  • Menos paciencia en las relaciones
  • Más tensión en la vida diaria

Este estrés acumulado puede hacer que pequeñas discusiones se conviertan en grandes conflictos.

Un problema que empieza en lo cotidiano

A veces pensamos que la violencia solo está en grandes noticias o hechos extremos, pero no es así. La violencia empieza muchas veces en lo cotidiano:

  • Una discusión en el tráfico
  • Una respuesta agresiva en una conversación
  • Una reacción desproporcionada ante un malentendido

Y lo preocupante es que estas situaciones pueden escalar muy rápidamente.

Reflexión personal

Creo que estamos en un momento en el que es necesario recuperar algo básico: el autocontrol emocional.

No todo merece una reacción agresiva. No todo conflicto necesita una respuesta inmediata. Y no todas las discusiones tienen que terminar en enfrentamiento.

En mi opinión, la educación emocional debería tener más peso en la sociedad, porque muchas veces el problema no es lo que ocurre, sino cómo reaccionamos ante ello.

Conclusión

La violencia es un fenómeno complejo que no se puede reducir a una sola causa. Pero sí podemos reconocer que el estrés, la frustración y la falta de gestión emocional están jugando un papel importante en la sociedad actual.

Quizás la clave esté en algo sencillo, pero difícil de aplicar: aprender a parar antes de reaccionar.

Porque muchas veces, una decisión tomada en segundos puede cambiar una vida entera.

sábado, 17 de octubre de 2026

La siesta: ¿un buen descanso o un problema para dormir por la noche?

 


La siesta forma parte de la rutina de muchas personas, especialmente después de comer. Para algunos es casi imprescindible para poder continuar la tarde con energía, mientras que para otros dormir durante el día puede hacer que después les cueste conciliar el sueño por la noche.

Por eso, creo que la siesta no es ni buena ni mala por sí misma. Depende mucho de cada persona, de cuánto duerma y, sobre todo, de cómo afecte a su descanso nocturno.

Los beneficios de la siesta

Dormir un rato durante la tarde puede tener algunos beneficios. Cuando estamos cansados, una siesta corta puede ayudarnos a recuperar energía y sentirnos más despejados para continuar con nuestras actividades.

También puede mejorar la concentración y la atención. Después de una mañana de colegio, trabajo o de realizar diferentes actividades, es normal que nos encontremos más cansados. Un pequeño descanso puede servir para hacer una pausa y después retomar lo que estábamos haciendo.

La siesta también puede influir positivamente en el estado de ánimo. Cuando estamos cansados podemos estar más irritables o tener menos ganas de hacer cosas, y descansar un poco puede ayudarnos a encontrarnos mejor.

Además, el sueño está relacionado con procesos como la memoria y el aprendizaje. Por eso, descansar adecuadamente puede favorecer que nuestro cerebro procese y consolide parte de lo que hemos aprendido durante el día.

Incluso después de una noche en la que hayamos dormido menos de lo habitual, una siesta corta puede ayudarnos a sentirnos algo más descansados. Eso sí, no debería convertirse en la forma habitual de compensar la falta de sueño nocturno.

Cuando la siesta puede convertirse en un inconveniente

Aunque tenga beneficios, la siesta también puede tener su parte negativa. El principal problema aparece cuando dormimos demasiado tiempo o cuando lo hacemos demasiado tarde.

A algunas personas les ocurre que se acuestan por la noche y no tienen sueño porque han dormido durante varias horas por la tarde. Al final, pueden terminar cambiando su horario de sueño y entrando en un círculo en el que cada vez les cuesta más dormir por la noche.

También puede ocurrir que nos despertemos de una siesta larga con sensación de sueño, aturdimiento o incluso más cansancio del que teníamos antes. Esto puede resultar bastante desagradable, sobre todo si después tenemos que estudiar, hacer deberes o realizar alguna actividad.

Por eso, si alguien nota que la siesta hace que duerma peor por la noche, probablemente no sea la mejor opción para esa persona.

¿Cuánto debería durar?

No existe una duración perfecta para todo el mundo, pero una siesta corta, de aproximadamente 10 a 30 minutos, puede ser suficiente para descansar sin alterar demasiado el sueño nocturno.

También es importante elegir bien el momento. Generalmente resulta más conveniente hacerla a primera o a mitad de la tarde que justo cuando se acerca la noche.

De todas formas, cada persona es diferente. Hay quienes pueden dormir un rato después de comer y después dormir perfectamente por la noche, mientras que otras personas, aunque duerman poco durante la tarde, ya notan que les cuesta más conciliar el sueño.

Mi opinión sobre la siesta

Yo personalmente no suelo dormir la siesta. Como mucho, alguna vez puedo dar alguna cabezada si estoy especialmente cansado, pero no tengo la costumbre de acostarme por la tarde para dormir.

En mi opinión, si una persona duerme bien por la noche y durante el día se encuentra descansada, no tiene por qué necesitar una siesta. Tener un poco de sueño después de comer tampoco significa necesariamente que tengamos que dormir. A veces simplemente necesitamos sentarnos, relajarnos unos minutos y continuar después con nuestra rutina.

Y también creo que, si a una persona le cuesta dormir por la noche, puede ser mejor evitar la siesta o, al menos, reducir su duración y hacerla más temprano. No tendría mucho sentido dormir durante la tarde y después pasar horas por la noche intentando conciliar el sueño.

Al final, lo más importante es escuchar a nuestro cuerpo y encontrar una rutina de descanso que nos permita sentirnos bien. La siesta puede ser una buena ayuda para algunas personas, pero no es imprescindible para todo el mundo. Lo importante no es dormir durante el día porque sí, sino conseguir un descanso adecuado y mantener unos horarios de sueño que nos permitan afrontar el día con energía.

viernes, 16 de octubre de 2026

Sirat: un viaje entre la búsqueda, la fe y la transformación



 

La nueva película de Oliver Laxe que ha sorprendido en el Festival de Cannes

El director gallego Oliver Laxe vuelve a demostrar su personalidad cinematográfica con Sirat, una película que combina drama, espiritualidad y una poderosa reflexión sobre la condición humana. Estrenada en 2024 y presentada en el prestigioso Festival de Cannes, la obra ha despertado un gran interés por su propuesta visual y narrativa.

La historia nos presenta a un padre y a su hijo pequeño, que emprenden un viaje al sur de Marruecos en busca de la hija mayor de la familia, desaparecida meses atrás mientras asistía a una fiesta rave en pleno desierto. Lo que en un principio parece una búsqueda desesperada para encontrar a un ser querido termina convirtiéndose en algo mucho más profundo.

 Un viaje por el desierto y por el interior del ser humano

Durante su recorrido, padre e hijo se encuentran con un grupo de jóvenes que viven al margen de la sociedad. Son personas que recorren diferentes lugares desérticos asistiendo a fiestas y encuentros alejados de las normas convencionales.

Convencido de que su hija podría formar parte de ese entorno, el padre decide seguir al grupo e internarse cada vez más en territorios inhóspitos. A medida que avanzan, las dificultades aumentan y el viaje se vuelve más duro tanto física como emocionalmente.

El desierto adquiere entonces un papel fundamental. No es únicamente un escenario, sino también una metáfora de la soledad, la búsqueda de sentido y la transformación personal. Cada paso obliga a los personajes a enfrentarse a sus miedos, sus recuerdos y sus propias limitaciones.

 El significado de "Sirat"

El título de la película tiene una gran carga simbólica. En la tradición islámica, el Sirat es un puente extremadamente estrecho que conecta el infierno con el paraíso. Según las creencias religiosas, todas las almas deben cruzarlo para alcanzar la salvación.

Esta idea está presente durante toda la película. Los personajes atraviesan un camino lleno de obstáculos, dudas y sufrimiento que puede interpretarse como una prueba espiritual. La búsqueda de la hija desaparecida se convierte poco a poco en una búsqueda interior.

 Una historia abierta a la interpretación

En la parte final de la película, la travesía alcanza su momento más extremo. El grupo comienza a fragmentarse y el entorno se vuelve cada vez más hostil. El padre continúa avanzando impulsado por la esperanza, pero también por sentimientos de culpa, pérdida y necesidad de encontrar respuestas.

La película evita ofrecer explicaciones sencillas. Más que centrarse en resolver el misterio de la desaparición de la hija, explora las emociones y conflictos internos del protagonista.

El desenlace es deliberadamente ambiguo. No hay respuestas definitivas ni un cierre convencional. Cada espectador puede interpretar de manera diferente lo que ocurre en los últimos momentos de la historia.

 Una propuesta diferente dentro del cine español

Sirat no es una película pensada para quienes buscan acción constante o respuestas fáciles. Se trata de una obra contemplativa, cargada de simbolismo y de imágenes que invitan a la reflexión.

Oliver Laxe apuesta por un cine pausado, donde los silencios, los paisajes y las emociones tienen tanto peso como los diálogos. El resultado es una experiencia cinematográfica que habla de la pérdida, la fe, la culpa y la posibilidad de encontrar algún tipo de redención.

Por todo ello, Sirat se ha convertido en una de las películas españolas más comentadas de los últimos años y en una propuesta que seguramente seguirá generando debate entre los amantes del cine de autor.

jueves, 15 de octubre de 2026

¿Cómo pueden las familias ayudar a sus hijos a estudiar?

 


La familia tiene un papel muy importante en la educación de los niños y adolescentes. Aunque la enseñanza corresponde principalmente a los centros educativos y a los profesores, el apoyo que reciben los estudiantes en casa también puede influir mucho en su aprendizaje.

Ayudar a un hijo a estudiar no significa hacerle los deberes ni estar constantemente encima de él. Se trata de acompañarlo, motivarlo y proporcionarle unas condiciones adecuadas para que pueda aprender.

Crear un buen lugar de estudio

Uno de los aspectos más importantes es disponer de un espacio cómodo y tranquilo para estudiar.

El lugar debería tener una buena iluminación, una silla y una mesa adecuadas y pocas distracciones. También es importante que la temperatura sea agradable: estudiar con demasiado frío o demasiado calor puede dificultar la concentración.

No hace falta tener una habitación exclusivamente dedicada al estudio. Lo importante es disponer de un lugar donde el estudiante pueda concentrarse.

Establecer una rutina

Tener unos horarios relativamente estables puede ayudar a organizar mejor el tiempo.

Por ejemplo, después de llegar del colegio o instituto se puede reservar un momento para descansar, comer y posteriormente realizar los deberes y estudiar.

Una buena organización permite evitar que todo el trabajo se acumule para el último momento.

Mostrar interés por sus estudios

A veces una pregunta sencilla como “¿qué has aprendido hoy?” puede demostrar al niño que su familia se interesa por su educación.

Los padres pueden hablar con sus hijos sobre las asignaturas que más les gustan, las que les resultan difíciles o los exámenes que tienen próximamente.

Este interés no debe convertirse en una presión constante por conseguir buenas notas.

Ayudar sin hacer los deberes

Cuando un estudiante tiene dificultades, los padres pueden explicarle aquello que no entiende o ayudarle a buscar una solución.

Sin embargo, no deberían hacer los trabajos por él.

Cometer errores y aprender a resolver los problemas por uno mismo forma parte del aprendizaje. La función de la familia debe ser orientar y acompañar.

Fomentar la lectura

La lectura también es una excelente forma de aprender.

No es necesario limitarse a los libros que se mandan en el colegio. Los niños pueden leer novelas, cómics, revistas, periódicos o información sobre temas que despierten su curiosidad.

Leer ayuda a mejorar el vocabulario, la comprensión y la capacidad para expresarse.

Valorar el esfuerzo

Las notas son importantes, pero no deberían ser lo único que se valore.

Un estudiante puede esforzarse mucho y no conseguir siempre la mejor calificación. Reconocer ese esfuerzo puede ayudarle a mantener la motivación y a confiar más en sus capacidades.

Frases como “has trabajado mucho” o “lo has intentado y puedes seguir mejorando” pueden ser más útiles que comparar constantemente sus resultados con los de otros compañeros.

Controlar las distracciones

El móvil, las redes sociales, los videojuegos o la televisión pueden dificultar la concentración cuando se utilizan mientras se estudia.

Por eso puede ser conveniente establecer momentos concretos para utilizar los dispositivos y otros momentos destinados al estudio.

La intención no debería ser prohibirlos constantemente, sino enseñar a utilizarlos de manera responsable.

No olvidar el descanso

Estudiar muchas horas seguidas no significa necesariamente aprender más.

Dormir bien, realizar descansos y tener tiempo para jugar, hacer deporte o disfrutar de la familia y los amigos también es importante.

Un estudiante descansado puede concentrarse mejor que alguien que lleva muchas horas estudiando sin parar.

Mantener contacto con los profesores

La comunicación entre las familias y los centros educativos también es importante.

Los profesores pueden informar sobre la evolución del estudiante, sus dificultades y sus progresos. De esta manera, familia y escuela pueden trabajar conjuntamente para ayudar al niño.

El apoyo emocional también importa

La educación no consiste únicamente en aprender contenidos.

Los niños y adolescentes pueden sentirse preocupados, frustrados o nerviosos por los estudios. Por eso necesitan saber que pueden hablar con sus padres cuando tengan un problema.

Escuchar sin juzgar y ofrecer apoyo emocional también forma parte de ayudarles a aprender.

Mi reflexión

Desde mi punto de vista, los padres deben apoyar y motivar a sus hijos, pero sin convertir los estudios en una fuente constante de presión.

Es importante que el niño tenga un ambiente adecuado para estudiar, con una temperatura agradable, buena iluminación y tranquilidad. Pero también necesita descansar, divertirse y tener tiempo para sí mismo.

Cada estudiante tiene su propio ritmo y sus propias capacidades. Lo importante no es únicamente conseguir buenas notas, sino aprender, esforzarse y desarrollar poco a poco autonomía y responsabilidad.

Conclusión

Las familias pueden ayudar mucho a sus hijos en los estudios sin necesidad de convertirse en sus profesores.

Crear un ambiente adecuado, establecer rutinas, interesarse por lo que aprenden, fomentar la lectura, valorar el esfuerzo y ofrecer apoyo emocional son algunas de las mejores formas de acompañarlos.

En definitiva, la familia debe ser un apoyo y una fuente de motivación, ayudando a los niños y adolescentes a descubrir que aprender no tiene por qué ser una obligación que genere miedo o presión, sino una oportunidad para crecer y prepararse para el futuro.