viernes, 1 de mayo de 2026

Getting On: una serie hospitalaria diferente que no logra enganchar a todos

 


Una propuesta alejada del drama médico tradicional que apuesta por el realismo y la rutina, pero que puede resultar lenta y repetitiva para muchos espectadores.

Hoy quiero hablar de una serie que, desde el principio, deja claro que no es lo que uno espera cuando piensa en ficción hospitalaria. Getting On plantea una propuesta distinta dentro de un género muy conocido, pero lo hace de una forma que puede generar división entre los espectadores.

En lugar de apostar por casos médicos impactantes, giros dramáticos o historias intensas, la serie decide centrarse en algo mucho más cotidiano: la rutina diaria dentro de una unidad de cuidados de larga estancia en un hospital geriátrico.

Desde mi punto de vista, la idea es interesante. Pero como suele pasar con este tipo de propuestas, no siempre el resultado termina de funcionar.

Una propuesta distinta dentro del género hospitalario

Cuando alguien empieza una serie ambientada en un hospital, es fácil pensar en otras producciones donde predominan:

  • urgencias constantes
  • decisiones límite
  • conflictos dramáticos
  • evolución clara de los personajes

Sin embargo, Getting On se aleja completamente de ese modelo.

Aquí no hay grandes momentos espectaculares. Lo que hay es rutina, burocracia y situaciones que, en muchos casos, pueden parecer incluso insignificantes.

La acción se desarrolla en una unidad donde los pacientes son personas mayores que requieren atención continua. Pero curiosamente, los pacientes no son el centro de la historia.

El foco está en el personal sanitario.

Un tono difícil de encajar

Uno de los aspectos más particulares de la serie es su tono.

Mezcla varios elementos:

  • comedia incómoda
  • humor negro
  • realismo casi documental
  • situaciones éticas complejas

Desde mi punto de vista, esta combinación es arriesgada.

Hay momentos en los que funciona bien, especialmente cuando el humor surge de situaciones reales y reconocibles. Pero en otros momentos, la serie parece quedarse a medio camino.

No termina de ser una comedia clara, pero tampoco un drama profundo. Y esa indefinición puede hacer que el espectador no conecte del todo.

Los personajes: lo mejor de la serie

Si hay algo que realmente destaca en Getting On es su reparto.

Las interpretaciones son sólidas y aportan credibilidad a la historia:

  • Laurie Metcalf como Dawn Forchette, una enfermera dedicada pero llena de inseguridades
  • Alex Borstein como Diana Reid, estricta y obsesionada con las normas
  • Niecy Nash como Crystal Andersen, directa, humana y con carácter
  • Mel Rodriguez, que aporta otro punto de vista dentro del equipo

Desde mi punto de vista, aquí está el mayor acierto de la serie. Los personajes son creíbles, imperfectos y llenos de matices.

No son héroes ni villanos, sino personas con contradicciones, algo que encaja perfectamente con el enfoque realista de la historia.

Una narrativa poco convencional

Otro aspecto que marca la serie es su forma de contar las cosas.

No sigue una estructura tradicional. No hay:

  • grandes tramas continuas
  • conflictos que evolucionan claramente
  • finales cerrados en cada episodio

En su lugar, apuesta por:

  • situaciones cotidianas
  • diálogos incómodos
  • pequeños conflictos repetidos
  • momentos que parecen no avanzar

Desde mi punto de vista, aquí está uno de los principales problemas.

Este tipo de narrativa puede ser interesante, pero también puede generar sensación de estancamiento.

Un estilo visual coherente… pero lento

La dirección, a cargo de creadores como Mark V. Olsen y Will Scheffer, junto a Jennifer Getzinger, apuesta por un estilo sobrio.

No hay grandes efectos ni artificios visuales. Todo está pensado para reforzar el realismo.

Esto tiene sentido dentro de la propuesta, pero también contribuye a una sensación general de lentitud.

La serie no busca impresionar visualmente, sino mostrar la rutina tal y como es. Y eso, dependiendo del espectador, puede jugar en su contra.

Lo que realmente intenta contar

Más allá de su ritmo o su estructura, Getting On tiene un objetivo claro: mostrar una parte del sistema sanitario que pocas veces se ve.

Entre los temas que aborda están:

  • la burocracia hospitalaria
  • los dilemas éticos en el cuidado de personas mayores
  • el desgaste emocional del personal sanitario
  • la falta de recursos y organización

Desde mi punto de vista, estos temas son importantes y necesarios.

El problema no es lo que cuenta, sino cómo lo cuenta.

Una serie que puede resultar pesada

Aquí es donde entra mi opinión más clara.

A pesar de tener una buena base y un reparto sólido, la serie se me ha hecho pesada.

Los episodios tienden a parecerse entre sí:

  • poca evolución narrativa
  • repetición de situaciones
  • ritmo lento
  • sensación de que no pasa nada realmente relevante

Esto hace que, especialmente al ver varios capítulos seguidos, cueste mantener el interés.

Expectativas frente a realidad

También creo que parte del problema está en las expectativas.

Cuando uno empieza una serie hospitalaria, espera cierto tipo de contenido. Pero Getting On no va por ese camino.

Y eso no es malo en sí mismo. De hecho, puede ser su mayor virtud.

El problema es que ese enfoque más realista, más pausado y menos espectacular no conecta con todo el mundo.

En mi caso, esperaba algo diferente, y eso influye en la valoración.

Lo mejor y lo más flojo

Lo mejor:

  • Interpretaciones muy sólidas
  • Enfoque original dentro del género
  • Realismo en el entorno sanitario

Lo más flojo:

  • Falta de trama clara
  • Ritmo lento
  • Sensación de repetición
  • Dificultad para enganchar

Una serie para un público concreto

No creo que sea una mala serie. Pero sí creo que está dirigida a un tipo de espectador muy específico.

Alguien que valore:

  • el realismo por encima del entretenimiento
  • las historias pequeñas
  • el humor incómodo
  • los ritmos pausados

Si buscas acción, drama intenso o evolución constante, probablemente no sea tu serie.

Conclusión

Getting On es una propuesta diferente dentro del género hospitalario. Tiene buenas ideas, un reparto sólido y un enfoque interesante.

Pero desde mi punto de vista, no termina de enganchar.

Se hace repetitiva, lenta y con poco desarrollo narrativo, lo que dificulta mantener el interés a largo plazo.

En resumen:

 una serie con buenas intenciones, pero que no funciona igual para todos los espectadores.