Hablar de igualdad significa hablar de todas las personas. Sin embargo, todavía existen colectivos que encuentran más obstáculos que otros para poder desarrollar su vida en las mismas condiciones. Entre ellos están las mujeres con discapacidad, que en determinadas situaciones pueden encontrarse con una doble barrera: las dificultades relacionadas con la discapacidad y las desigualdades que todavía existen por el hecho de ser mujer.
Tener una discapacidad no debería significar tener menos oportunidades. Sin embargo, estas mujeres pueden encontrar dificultades en diferentes ámbitos de la vida cotidiana: en la educación, en el empleo, en la independencia económica, en el acceso a determinados servicios o en su participación plena en la sociedad.
Más obstáculos para acceder al empleo
El mundo laboral es uno de los ámbitos donde pueden aparecer importantes dificultades.
Encontrar un empleo ya puede resultar complicado para una persona con discapacidad, pero una mujer puede encontrarse además con desigualdades relacionadas con el género. Esto puede limitar sus oportunidades de acceder a determinados puestos, desarrollar una carrera profesional o conseguir independencia económica.
La discriminación no tiene por qué proceder únicamente de los responsables de una empresa. También puede aparecer entre compañeros de trabajo, por ejemplo mediante comentarios, prejuicios, burlas o una falta de comprensión hacia determinadas necesidades.
Y tampoco debemos olvidar que los prejuicios pueden aparecer fuera del trabajo, en otros espacios de la sociedad.
La importancia de la igualdad en el trabajo
Una mujer con discapacidad que consigue un empleo debería poder desarrollar su actividad profesional en un entorno donde se respeten sus derechos y su dignidad.
No debería tener que demostrar constantemente que es capaz de realizar su trabajo por el simple hecho de tener una discapacidad.
La igualdad no consiste solamente en contratar a una persona. También significa ofrecerle oportunidades para aprender, progresar profesionalmente y asumir responsabilidades cuando tenga la preparación necesaria.
Por eso, las empresas tienen un papel importante en la creación de entornos laborales inclusivos, pero también lo tenemos todos los compañeros.
Educación y oportunidades
La educación es fundamental para construir un futuro con más oportunidades.
Las niñas y jóvenes con discapacidad deben poder acceder a una educación inclusiva y contar con los apoyos necesarios para desarrollar sus capacidades.
No se trata de hacerles el camino más fácil, sino de eliminar las barreras que les impiden avanzar en igualdad de condiciones.
Una sociedad inclusiva debe conseguir que ninguna niña crezca pensando que su discapacidad determina hasta dónde puede llegar.
Los prejuicios también pueden aparecer en la vida cotidiana
La discriminación no siempre es evidente.
A veces puede aparecer en forma de comentarios aparentemente inocentes, preguntas inapropiadas, sobreprotección o personas que toman decisiones por una mujer con discapacidad sin preguntarle qué quiere.
También puede ocurrir que otras personas tengan unas expectativas demasiado bajas sobre sus capacidades.
Pensar que una persona con discapacidad no podrá estudiar, trabajar, tener responsabilidades o tomar sus propias decisiones simplemente por su discapacidad es también una forma de prejuicio.
Por eso, la inclusión requiere algo más que adaptar edificios o proporcionar ayudas. También necesitamos cambiar nuestra manera de mirar a las personas.
No todas las mujeres con discapacidad viven la misma realidad
Es importante recordar que cada persona es diferente.
No todas las mujeres con discapacidad tienen las mismas necesidades, dificultades o experiencias. Algunas pueden necesitar muchos apoyos y otras tener una gran autonomía.
Por eso no debemos meter a todas las personas en el mismo grupo ni pensar que existe una única forma de vivir una discapacidad.
Lo fundamental es escuchar a cada persona y preguntarle qué necesita, en lugar de decidir por ella.
La autonomía también es inclusión
Ayudar a una persona no significa hacer todo por ella.
En ocasiones, con la intención de ayudar podemos caer en la sobreprotección. Una mujer con discapacidad tiene derecho a tomar sus propias decisiones, equivocarse, aprender y construir su propio proyecto de vida.
La inclusión también significa respetar esa autonomía.
Si una persona necesita un apoyo concreto para realizar una tarea, debemos intentar proporcionárselo. Pero ese apoyo no debería convertirse en una excusa para quitarle capacidad de decisión.
Una responsabilidad de toda la sociedad
Combatir la discriminación no es responsabilidad únicamente de los gobiernos o de las empresas.
También depende de nuestras propias actitudes.
Los compañeros de trabajo, los profesores, los amigos, los familiares y cualquier persona que forme parte de nuestro entorno puede contribuir a crear una sociedad más respetuosa.
Debemos aprender a no juzgar a una persona por su discapacidad ni por su género y valorar sus capacidades, su esfuerzo y sus decisiones.
Mi reflexión personal
Desde mi punto de vista, una mujer con discapacidad no debería tener que enfrentarse a más obstáculos simplemente por ser mujer y tener una discapacidad.
Ya existen suficientes dificultades en la vida como para que los prejuicios de otras personas añadan todavía más.
Un jefe no debería discriminar a una trabajadora por su discapacidad. Pero tampoco debería hacerlo un compañero mediante burlas o comentarios. Y lo mismo podemos decir de cualquier persona que se encuentre con ella fuera del ámbito laboral.
La discapacidad no define a una persona.
Una mujer con discapacidad tiene sueños, proyectos, capacidades, sentimientos y derecho a decidir sobre su propia vida.
La igualdad no puede quedarse solamente en las palabras. Tiene que convertirse en oportunidades reales: una educación accesible, un empleo digno, independencia, participación social y respeto.
Las mujeres con discapacidad no necesitan que los demás decidan por ellas. Necesitan que eliminemos las barreras que les impiden avanzar.
Porque una sociedad verdaderamente inclusiva será aquella en la que ninguna mujer tenga que luchar contra prejuicios adicionales para poder estudiar, trabajar, formar una familia, desarrollar sus proyectos y decidir libremente sobre su futuro.
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