miércoles, 23 de septiembre de 2026

Cómo hablar con una persona que tiene ansiedad: palabras que ayudan y otras que debemos evitar

 


Cuando una persona está pasando por un momento de ansiedad, nuestras palabras pueden tener más importancia de la que pensamos. No siempre vamos a poder solucionar aquello que le preocupa, ni tampoco es nuestra responsabilidad conseguir que la ansiedad desaparezca inmediatamente. Pero sí podemos hacer algo muy importante: conseguir que esa persona se sienta acompañada, escuchada y comprendida.

A veces creemos que ayudar consiste en encontrar rápidamente una solución o decir algo que consiga tranquilizarla. Sin embargo, cuando alguien está muy nervioso o tiene el ánimo bajo, probablemente necesite primero sentirse seguro antes de poder pensar con claridad.

No siempre necesitamos encontrar la frase perfecta

Una de las cosas más importantes es entender que no existe una frase mágica capaz de hacer desaparecer la ansiedad. Muchas veces, lo que más ayuda es transmitir calma y hacer saber a la otra persona que no está sola.

Podemos decirle cosas tan sencillas como “estoy aquí contigo”, “vamos poco a poco” o “no tienes que solucionar todo ahora mismo”. También podemos preguntarle si quiere que nos quedemos a su lado durante un rato.

Son frases sencillas, pero transmiten un mensaje importante: no tienes que enfrentarte a este momento completamente sola.

Escuchar también es una forma de ayudar

Cuando alguien tiene ansiedad, puede necesitar hablar, pero también puede ocurrir que no quiera hacerlo. En ese caso, insistir continuamente con preguntas como “¿qué te pasa?”, “¿por qué estás así?” o “cuéntame qué ha ocurrido” puede aumentar todavía más su agobio.

Podemos ofrecer nuestra ayuda sin obligarla a utilizarla.

Una pregunta como “¿prefieres hablar o distraerte un poquito?” le permite elegir qué necesita en ese momento. También podemos decir: “No tienes que explicarme todo si no quieres. Cuando te apetezca hablar, aquí estaré”.

Respetar el silencio también es acompañar.

Frases que, aunque sean bienintencionadas, no ayudan

Muchas expresiones se dicen con buena intención, pero pueden hacer que la persona se sienta incomprendida.

“Relájate”, “no es para tanto”, “deja de pensar en eso”, “tienes que ser fuerte” o “pero si no tienes motivos para estar así” son algunos ejemplos.

El problema es que la persona probablemente ya quisiera dejar de sentirse así. Decirle simplemente que se calme no le proporciona una herramienta para conseguirlo y puede hacer que piense que los demás no entienden lo que está viviendo.

Tampoco es necesario discutir con ella sobre si sus preocupaciones tienen sentido. Podemos escuchar cómo se siente sin afirmar que aquello que teme vaya a suceder.

Validar lo que siente sin alimentar sus miedos

Una diferencia importante está entre validar una emoción y confirmar un miedo.

Podemos decir: “Entiendo que esto te esté preocupando mucho” sin afirmar que aquello que le preocupa vaya a ocurrir.

También podemos añadir: “Vamos a centrarnos en lo que podemos hacer ahora”. De esta manera, reconocemos lo que está sintiendo y, al mismo tiempo, intentamos devolver la atención al presente.

No siempre podemos solucionar el problema en ese instante, pero sí podemos ayudar a que la persona no sienta que tiene que solucionarlo todo de golpe.

¿Y si no quiere hablar?

Si la persona no quiere hablar, debemos respetarlo. Podemos dejarle claro que seguimos disponibles sin convertir nuestra preocupación en una presión.

A veces basta con decir: “No tienes que hablar si ahora mismo no quieres. No voy a presionarte. Solo quiero que sepas que estoy aquí”.

Incluso podemos hablar de cualquier cosa cotidiana, compartir un momento tranquilo o simplemente permanecer a su lado. No todo tiene que girar alrededor de la ansiedad.

Saber cuándo pedir ayuda

Acompañar a una persona no significa que tengamos que solucionar nosotros sus problemas. Si la ansiedad o el ánimo bajo aparecen con frecuencia, duran mucho tiempo o interfieren de manera importante en su vida cotidiana, puede ser necesario buscar ayuda profesional.

En esos casos, hablar con un profesional de la salud puede proporcionar herramientas y apoyo adecuados.

Al final, ayudar a alguien con ansiedad no consiste en encontrar las palabras perfectas. Muchas veces consiste en escuchar, respetar sus tiempos, evitar juzgar y hacerle saber algo tan sencillo como importante: “No tienes que pasar por esto sola”.

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