lunes, 29 de diciembre de 2025

: Inocentadas y novatadas: cuando la broma deja de tener gracia

 

 



Tradiciones que nacieron con un sentido simbólico pero que hoy, en muchos casos, cruzan la línea del respeto

Buenos días.

Nunca me han gustado las inocentadas ni las novatadas. Y con el paso del tiempo, menos todavía. Puede que haya quien lo vea como algo exagerado o incluso como una forma de tomarse las cosas demasiado en serio, pero desde mi punto de vista hay una diferencia clara entre una broma y una situación incómoda.

Y esa diferencia, muchas veces, se ignora.

La normalización de lo que “siempre se ha hecho”

En muchos institutos y universidades sigue existiendo la costumbre de hacer novatadas a los estudiantes nuevos. Se presentan como algo tradicional, casi obligatorio, una especie de ritual de paso que “todo el mundo ha vivido”.

Y ese es, precisamente, uno de los problemas.

Cuando algo se justifica con el argumento de “siempre se ha hecho así”, deja de cuestionarse. Se convierte en una práctica normalizada, aunque en la práctica pueda resultar incómoda o incluso humillante para quien la sufre.

Porque no todos lo viven igual.

Hay quien lo toma como una broma sin más. Pero también hay quien lo pasa mal, quien se siente expuesto o quien simplemente no quiere participar.

Y eso debería ser suficiente para replantearlo.

El límite entre la broma y la humillación

Se suele decir que una broma es algo que hace reír a todos. Pero en muchas inocentadas y novatadas, la risa no es compartida.

Uno se ríe.
Otro aguanta.

Y ese desequilibrio lo cambia todo.

Desde mi punto de vista, el problema no está en el humor, sino en la falta de empatía. En no preguntarse si la otra persona realmente está cómoda con lo que está pasando.

Porque no es lo mismo una broma espontánea entre personas con confianza que una situación impuesta, donde alguien se ve obligado a participar para no quedarse fuera del grupo.

Ahí deja de ser una broma.

El caso del Día de los Santos Inocentes

El 28 de diciembre es, en muchos países de habla hispana, el día por excelencia de las bromas. Las inocentadas forman parte de la tradición, y en muchos casos se viven con humor y sin mayores consecuencias.

Sin embargo, también aquí conviene hacer una reflexión.

No todas las bromas son inocentes, aunque se hagan ese día.

Y el hecho de que exista una tradición no significa que todo valga.

Curiosamente, el origen de esta fecha no tiene nada que ver con el humor. Está ligado a un episodio religioso, el de los niños asesinados por orden de Herodes el Grande, recogido en el Evangelio.

Con el tiempo, esa conmemoración se transformó en una jornada de bromas. Pero ese cambio no debería hacernos olvidar que el respeto sigue siendo necesario, incluso en un contexto festivo.

Las novatadas: de ritual a problema

Las novatadas tienen un origen mucho más antiguo de lo que parece.

En civilizaciones como la antigua Grecia o Roma ya existían rituales de iniciación. En la Edad Media, algunas universidades europeas imponían pruebas a los estudiantes nuevos. Incluso en el ámbito militar se utilizaban estos procesos para reforzar la jerarquía.

En su origen, tenían un sentido:

  • Marcar el paso a una nueva etapa
  • Reforzar la pertenencia a un grupo
  • Establecer normas internas

Pero con el tiempo, ese sentido se ha ido perdiendo.

Hoy, en muchos casos, las novatadas no buscan integrar, sino someter. No buscan generar grupo, sino marcar diferencias.

Y eso es un problema.

La presión del grupo: el factor que no se dice

Uno de los aspectos más preocupantes de las novatadas es la presión social que generan.

No participar puede significar quedarse fuera.
Decir que no puede interpretarse como debilidad.

Y eso hace que muchas personas acepten situaciones que, en realidad, no quieren vivir.

Desde fuera, puede parecer una decisión libre. Pero en muchos casos no lo es.

Es una forma de adaptación forzada.

Y eso va en contra de cualquier idea de respeto o convivencia.

Cuando las instituciones tienen que intervenir

En los últimos años, muchas instituciones educativas han empezado a prohibir o limitar las novatadas. Y no es casualidad.

No se trata de eliminar tradiciones por capricho, sino de evitar situaciones que pueden derivar en:

  • Humillaciones públicas
  • Daños emocionales
  • Situaciones de acoso
  • Riesgos físicos en algunos casos

Cuando una práctica necesita ser regulada o prohibida, es porque ha dejado de ser inofensiva.

Y eso debería hacernos reflexionar.

¿De verdad necesitamos este tipo de bromas?

Aquí es donde, en mi opinión, está la pregunta clave.

¿Es necesario hacer inocentadas o novatadas para divertirse o para integrarse en un grupo?

La respuesta parece bastante clara.

No.

Hay muchas formas de crear vínculos, de generar buen ambiente o de compartir momentos sin necesidad de incomodar a nadie.

El problema es que, en ocasiones, se confunde tradición con obligación. Y no son lo mismo.

El respeto como punto de partida

Puede parecer una idea básica, pero no siempre se aplica: el respeto debería ser el límite de cualquier broma.

Si existe la posibilidad de que alguien se sienta mal, incómodo o expuesto, quizá no sea una buena broma.

No se trata de eliminar el humor. Se trata de entender que el humor también tiene límites.

Y que esos límites no los marca quien hace la broma, sino quien la recibe.

Reflexión final

Las inocentadas y las novatadas forman parte de una tradición que, en algunos casos, se sigue manteniendo casi sin cuestionarse.

Pero el hecho de que algo sea tradicional no lo convierte automáticamente en adecuado.

Desde mi punto de vista, es momento de replantear estas prácticas. No desde la prohibición absoluta, sino desde el sentido común.

Reír está bien.
Compartir momentos también.

Pero nunca a costa de otra persona.

Porque al final, lo verdaderamente importante no es mantener una tradición.

Es saber cuándo esa tradición ha dejado de tener sentido.

No hay comentarios: