Actualizado 2026
Las bebidas energéticas se han convertido en un producto cada vez más habitual entre adolescentes y jóvenes. Su variedad de sabores, su publicidad y la imagen de que aportan energía y ayudan a mantenerse despierto han hecho que muchos menores las vean prácticamente como un refresco más. Sin embargo, los profesionales sanitarios llevan años alertando de los riesgos que puede tener su consumo habitual durante la infancia y la adolescencia.
El Colegio de Médicos de Málaga ya reclamó en 2023 que se prohibiera la venta de bebidas energéticas a menores de edad. La institución calificó entonces su consumo entre menores como un problema de salud pública y puso el foco en los posibles riesgos cardiovasculares y neurológicos, además de las alteraciones del sueño y del comportamiento.
Una preocupación que viene de años atrás
El Colegio de Médicos de Málaga inició en 2023 una campaña de concienciación para informar sobre los riesgos de estas bebidas. Su presidente, Pedro J. Navarro, explicó entonces que preocupaba especialmente el aumento de su consumo entre menores y que algunos adolescentes habían incorporado estas bebidas a su día a día como si fueran un refresco convencional.
Las bebidas energéticas contienen cafeína y otros ingredientes estimulantes, además de que algunas presentan cantidades importantes de azúcar. Su consumo habitual puede relacionarse con problemas como alteraciones del sueño, nerviosismo, irritabilidad o palpitaciones, entre otros efectos señalados por los profesionales sanitarios.
Por eso, una de las cuestiones que más preocupa no es solamente que un menor pruebe una bebida de este tipo alguna vez, sino que termine convirtiéndola en una costumbre.
España prepara nuevas restricciones
Durante 2026 el debate ha dado un paso más. El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 planteó una regulación estatal para limitar el acceso de los menores a las bebidas energéticas.
La propuesta contempla prohibir su venta a menores de 16 años y ampliar la prohibición hasta los 18 años en el caso de determinadas bebidas con una concentración elevada de cafeína, concretamente las que alcancen los 32 miligramos o más por cada 100 mililitros.
Es importante aclarar que se trata de una propuesta normativa y que no debe confundirse con una prohibición estatal que ya esté plenamente en vigor. El proceso legislativo puede introducir cambios antes de que una norma llegue a aprobarse definitivamente.
El papel de las familias
Ante esta situación, las familias también tienen un papel importante. No se trata únicamente de prohibir o castigar, sino de explicar a los menores por qué estas bebidas no son iguales que un refresco convencional y por qué los profesionales sanitarios recomiendan evitar su consumo habitual.
También es importante hablar de publicidad y de la imagen que transmiten determinados productos. Que una bebida se venda en un supermercado y tenga un diseño atractivo no significa necesariamente que sea apropiada para todas las edades.
Proteger la salud de los menores
En mi opinión, cuando hablamos de niños y adolescentes debemos prestar especial atención a aquellos productos que pueden afectar a su salud. Las decisiones sobre las bebidas energéticas pueden generar debate entre familias, consumidores, empresas y administraciones, pero existe una cuestión que debería estar por encima de todo: que los menores dispongan de información suficiente para conocer los posibles riesgos.
La educación para la salud empieza en casa, continúa en los centros educativos y también necesita campañas de información que permitan a los jóvenes tomar conciencia de sus hábitos.
Las bebidas energéticas pueden parecer algo cotidiano, pero precisamente por eso es importante no normalizar su consumo entre menores. Informar, prevenir y proteger son herramientas fundamentales para cuidar la salud de niños y adolescentes.
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