domingo, 29 de junio de 2025

La violencia machista: una realidad que no deja de repetirse

 


Reflexiones sobre el origen del machismo y el papel de la educación en una sociedad que aún no logra erradicarlo

Cada vez que escuchamos una nueva noticia sobre una mujer asesinada por su pareja o expareja, la sensación es siempre la misma: indignación, tristeza y, sobre todo, impotencia. Parece que, por mucho que se hable del tema, por muchas campañas que existan, la violencia machista sigue estando presente en nuestra sociedad.

Y lo más preocupante es que, lejos de desaparecer, da la impresión de que se repite una y otra vez.

No se trata de un problema puntual ni aislado. Es una realidad que afecta a mujeres de diferentes edades, en distintos contextos y en cualquier lugar. No importa si hablamos de personas jóvenes o mayores. El patrón, en muchos casos, se repite.

Esto lleva a una pregunta que, aunque no es nueva, sigue siendo necesaria: ¿un machista nace o se hace?

No creo que haya una respuesta simple. Desde mi punto de vista, nadie nace con una actitud machista. El machismo se aprende, se interioriza y, en muchos casos, se normaliza desde edades tempranas. Tiene que ver con la educación, con el entorno, con los valores que se transmiten en la familia, en la escuela y también en la sociedad en general.

Y ahí es donde, quizá, está una de las claves del problema.

Si desde pequeños no se educa en el respeto, en la igualdad y en la gestión de las emociones, es más fácil que se reproduzcan comportamientos dañinos en la vida adulta. No se trata solo de enseñar qué está bien o qué está mal, sino de construir una forma de entender las relaciones basada en el respeto mutuo.

Porque la violencia de género no aparece de la nada. Muchas veces comienza con actitudes que se minimizan o se justifican: el control, los celos, la posesividad. Comportamientos que, si no se detectan a tiempo, pueden ir a más.

A lo largo de los años se han puesto en marcha leyes, medidas de protección y campañas de sensibilización. Todo eso es necesario y ha supuesto avances importantes. Pero, aun así, los casos siguen produciéndose.

Eso hace pensar que quizá no es suficiente.

Tal vez estamos poniendo el foco en las consecuencias, cuando el verdadero problema está en el origen. Y ese origen, en gran parte, está en la educación. No solo en la escuela, sino también en casa, en el entorno social, en los mensajes que se transmiten de forma directa o indirecta.

Desde mi punto de vista, si no se trabaja desde la base, será muy difícil acabar con esta situación. No basta con reaccionar cuando ocurre una tragedia. Es necesario prevenir, educar y generar conciencia desde edades tempranas.

Algunas ideas que, como sociedad, deberíamos reforzar:

  • Educación en igualdad desde la infancia
  • Fomento del respeto en las relaciones personales
  • Rechazo claro a cualquier forma de violencia
  • Aprendizaje de la gestión emocional
  • Implicación de familias, escuelas y entorno social

Aun así, surge otra pregunta inevitable: ¿llegará algún día a desaparecer la violencia de género?

Sinceramente, me gustaría pensar que sí. Pero también creo que no será algo inmediato ni sencillo. Requiere tiempo, compromiso y un cambio profundo en la forma en la que entendemos las relaciones y la convivencia.

Lo que sí tengo claro es que no podemos resignarnos. Normalizar esta situación sería, en cierto modo, formar parte del problema.

Cada caso debería hacernos reflexionar, no solo durante unos días, sino de forma más profunda. Preguntarnos qué está fallando y qué podemos hacer, cada uno desde nuestro lugar, para que esto no siga ocurriendo.

Porque al final, más allá de leyes o medidas, estamos hablando de personas, de vidas que se pierden y de una realidad que no deberíamos aceptar como inevitable.

Quizá el cambio no sea inmediato, pero empieza, como casi todo, por algo básico: educar mejor para vivir mejor.

No hay comentarios: