Reflexiones de una mañana cualquiera sobre el paso del tiempo, la actitud ante la vida y la importancia de vivir el presente
Son las nueve y pico de la mañana. Ya he sacado a los perros, hace calor y, como en otras muchas ocasiones, me siento delante del ordenador con la misma pregunta de siempre: ¿sobre qué escribo hoy?
Podría hablar de temas duros, de personas que roban o que hacen daño, de noticias que vemos cada día. También podría escribir sobre cosas más cercanas, como las ferias de los pueblos y ciudades, que forman parte de nuestra vida cotidiana. Pero al final, muchas veces, termino escribiendo sobre algo más sencillo y a la vez más importante: la vida en sí.
Cuando me levanto por la mañana, especialmente los días en los que no trabajo, tengo ese momento de reflexión. Tengo 58 años y, como suele decirse, ya he visto y escuchado muchas cosas. Con el tiempo, uno va acumulando experiencias, algunas buenas y otras no tanto, pero todas dejan huella.
Y quizá por eso, cada vez pienso más en cómo vivimos el tiempo.
Hay una frase que resume bastante bien esta idea: un día más o un día menos. El optimista dirá que es un día más de vida; el pesimista, que es un día menos. Al final, la realidad es la misma, lo que cambia es la forma de mirarla.
Desde mi punto de vista, ahí está una de las claves.
No soy psicólogo, pero con los años uno aprende ciertas cosas. Aprende que no sirve de mucho vivir con prisas constantes, ni estar siempre preocupado por lo que vendrá. También aprende que estar en paz con uno mismo no es algo que se consigue de un día para otro, pero sí algo que merece la pena intentar.
Vivir el presente, aunque suene a tópico, es más difícil de lo que parece.
El tiempo pasa, queramos o no
Los días van pasando casi sin darnos cuenta. Uno se levanta, hace sus cosas, se acuesta… y así, poco a poco, los años se acumulan. Y llega un momento en el que te das cuenta de algo evidente: el tiempo no se detiene.
Sabemos que nacemos con un final. No sabemos cuándo llegará, pero sabemos que está ahí. Y, aun así, muchas veces vivimos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.
Eso es algo que, con la edad, se empieza a ver de otra manera.
¿Aprovechamos realmente la vida?
Si uno se para a pensar con calma, surge una pregunta incómoda: ¿estamos aprovechando el tiempo que tenemos?
En muchos casos, la respuesta no es del todo positiva. Vivimos preocupados, pendientes de problemas, de obligaciones, de cosas que muchas veces no tienen tanta importancia como creemos.
Y mientras tanto, dejamos de lado lo más sencillo:
- Disfrutar de los pequeños momentos
- Estar tranquilos sin hacer nada especial
- Valorar el hecho de estar vivos
- Compartir tiempo con las personas cercanas
- Cuidarnos a nosotros mismos
No se trata de hacer grandes cosas, sino de vivir con algo más de conciencia.
Vivir con calma, no con prisa
Otra cosa que uno aprende con el tiempo es que vivir con prisas constantes no lleva a nada bueno. Parece que siempre tenemos que estar haciendo algo, produciendo, avanzando… y en ese ritmo, muchas veces nos olvidamos de vivir.
Ser una persona tranquila no significa no tener problemas, sino saber gestionarlos de otra manera.
Desde mi punto de vista, vivir con calma es una forma de cuidarse.
Una reflexión personal
Hoy es un día más. O un día menos, según cómo se mire. Pero, en el fondo, eso es lo de menos. Lo importante es qué hacemos con ese día.
No sabemos cuánto tiempo tenemos. Puede que muchos años, puede que menos. Pero lo que sí sabemos es que el tiempo pasa, y no vuelve.
Por eso, creo que merece la pena intentar vivir mejor. No perfecto, no sin problemas, sino con algo más de conciencia, más tranquilidad y, si es posible, algo más de equilibrio.
Conclusión
La vida es más corta de lo que pensamos, y muchas veces no la aprovechamos como deberíamos. Nos centramos en lo negativo, en lo urgente, en lo que nos preocupa, y dejamos de lado lo esencial.
Quizá no se trata de vivir al máximo en el sentido más extremo, sino de vivir mejor. De estar más presentes, de valorarnos más y de entender que cada día, sea uno más o uno menos, sigue siendo una oportunidad.
Y eso, aunque a veces no lo parezca, ya es bastante.
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