El 16 de noviembre de 2022 escribí un artículo en el que contaba que en el colegio de mi hija, y también en el centro donde trabajaba mi mujer, me habían propuesto dar una charla sobre mi trayectoria deportiva con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, que se celebra cada 3 de diciembre.
Recuerdo perfectamente cómo me sentía en aquellos días. Estaba muy nervioso porque nunca me ha gustado hablar en público. Siempre he sido una persona bastante tímida para estas cosas y la idea de dirigirme a un grupo de alumnos me imponía bastante respeto.
Sin embargo, decidí aceptar el reto. Lo hice principalmente por mi hija y por mi mujer. Pensé que, aunque me pusiera nervioso o me quedara sin palabras en algún momento, debía intentarlo. Al fin y al cabo, muchas veces en la vida tenemos que enfrentarnos a situaciones que nos sacan de nuestra zona de confort.
Finalmente llegó el día de la charla. Estaba nervioso, como era de esperar, pero poco a poco fui sintiéndome más cómodo. Hablé a los alumnos sobre mi experiencia deportiva, sobre las dificultades que he encontrado a lo largo de mi vida y sobre la importancia de no rendirse cuando aparecen obstáculos.
Fue una experiencia maravillosa que recuerdo con mucho cariño. Los alumnos escucharon con atención y pude compartir con ellos una parte importante de mi vida. Cuando terminé la charla sentí una gran satisfacción por haber sido capaz de superar mis miedos y transmitir mi experiencia a otras personas.
Hoy, 22 de junio de 2026, han pasado ya casi cuatro años desde aquella charla. El tiempo pasa muy rápido. Mi hija ya está en primero de ESO y muchas cosas han cambiado desde entonces. Sin embargo, sigo recordando aquel día con especial cariño.
También me acordé de mis comienzos en el atletismo, cuando estudiaba Formación Profesional y empecé a practicar este deporte que tantas alegrías me ha dado. Nunca imaginé que años después estaría contando mi historia delante de un grupo de estudiantes.
Esta experiencia me enseñó algo importante: no debemos dejar que el miedo nos impida hacer cosas. A veces pensamos que no seremos capaces, que nos pondremos demasiado nerviosos o que no estaremos a la altura. Pero cuando damos el paso, descubrimos que podemos hacer mucho más de lo que imaginábamos.
Me ocurre algo parecido con este blog. Sé que cometo errores al escribir y que no me leen miles de personas. Sin embargo, sigo escribiendo porque me gusta compartir mis opiniones, experiencias y reflexiones. Lo importante no es ser perfecto, sino seguir adelante y no rendirse.
Aquella charla fue una pequeña victoria personal. Lo hice por mi hija, por mi mujer y también por mí mismo. Y, mirando atrás, puedo decir que fue una de esas experiencias que merece la pena vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario