lunes, 15 de agosto de 2022

Cuando la mente y los pensamientos parecen ir por caminos diferentes

 



Hay días en los que no nos encontramos bien. Estamos físicamente en un lugar, pero nuestra cabeza parece estar en otro. Hacemos nuestras actividades habituales, pero estamos distraídos, preocupados o pensando constantemente en otras cosas.

La mente y los pensamientos de cada persona son muy complejos. A veces podemos querer estar bien y, sin embargo, nuestra cabeza nos llena de pensamientos negativos.

Cuando todo parece perder importancia

Hay momentos en los que podemos sentir que nos da igual todo, que no tenemos ganas de hacer nada o que simplemente dejamos pasar los días.

Puede ser algo pasajero relacionado con el cansancio, los problemas o una mala etapa. Pero cuando esta sensación permanece durante mucho tiempo y afecta a nuestra vida cotidiana, puede ser importante hablar con alguien de confianza y buscar ayuda profesional.

No debemos pensar que tenemos que solucionar siempre nuestros problemas solos.

Los pensamientos negativos

Todos podemos tener pensamientos negativos alguna vez.

Podemos pensar:

  • «No voy a conseguirlo».
  • «Todo me sale mal».
  • «No merece la pena intentarlo».
  • «Nada va a cambiar».
  • «No soy capaz».

Que aparezca un pensamiento no significa que sea necesariamente cierto.

A veces nuestra mente interpreta una situación de la peor manera posible. Por eso puede ser útil pararnos y preguntarnos si realmente tenemos pruebas de que aquello que estamos pensando es verdad.

¿Debemos hacer caso a los pensamientos o a la mente?

En realidad, no tenemos que elegir entre una cosa y otra. Los pensamientos forman parte de nuestra mente, pero no todos los pensamientos que aparecen en nuestra cabeza son hechos.

Por ejemplo, podemos pensar que vamos a suspender un examen. Ese pensamiento puede producir miedo, pero no significa que vayamos a suspender.

Podemos intentar sustituirlo por una idea más realista:

«El examen puede ser difícil, pero puedo prepararme y hacer todo lo posible».

De esta manera no estamos obligándonos a pensar de forma positiva constantemente, sino intentando pensar de una manera más equilibrada.

No todos los días tienen que ser buenos

La vida también está formada por días malos.

Podemos estar tristes, cansados, preocupados o simplemente tener un día en el que no nos apetezca hacer demasiado.

Eso no significa que nuestra vida vaya a ser siempre así.

A veces necesitamos descansar, hablar con alguien, salir a caminar, escuchar música, hacer algo que nos guste o simplemente darnos tiempo.

Cuando la falta de ilusión dura demasiado

Una cosa es atravesar unos días malos y otra muy diferente sentir durante semanas que nada nos importa, que no tenemos esperanza o que no disfrutamos de las cosas que antes nos gustaban.

Cuando ocurre esto, no deberíamos ignorarlo.

Hablar con nuestros padres, familiares, amigos, profesores u otro adulto de confianza puede ser un primer paso. Y si el malestar continúa, un profesional de la salud mental puede ayudar a entender qué está ocurriendo.

Pedir ayuda no es una señal de debilidad.

Mi reflexión

Desde mi punto de vista, todos tenemos momentos en los que nuestra cabeza parece complicarnos las cosas.

No podemos controlar cada pensamiento que aparece en nuestra mente, pero sí podemos aprender poco a poco a no creer automáticamente todo lo que pensamos.

La vida no siempre es fácil y habrá etapas buenas y malas. Sin embargo, cuando una mala etapa se alarga demasiado, no tenemos por qué afrontarla solos.

Sin ilusión es difícil disfrutar de la vida, pero recuperar esa ilusión puede ser un proceso. A veces necesitamos tiempo, apoyo y ayuda para volver a encontrarla.

Conclusión

Nuestra mente puede ser complicada y nuestros pensamientos pueden cambiar dependiendo de lo que estemos viviendo.

No todos los pensamientos negativos son ciertos y tampoco debemos sentirnos culpables por tenerlos.

Lo importante es aprender a reconocerlos, cuestionarlos y buscar apoyo cuando el malestar sea demasiado grande.

Porque tener un mal día no significa tener una mala vida, y una etapa difícil tampoco tiene por qué definir nuestro futuro.

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