Siempre se ha dicho que leer es algo muy positivo. Y es cierto. La lectura ayuda a aprender, a desarrollar la imaginación y a comprender mejor el mundo que nos rodea. Sin embargo, también creo que no todas las personas vivimos la lectura de la misma forma, ni tenemos por qué hacerlo.
En mi caso, lo digo con sinceridad: nunca he sido un gran lector de libros.
A lo largo de mis casi 60 años he leído algunos, pero no puedo decir que sea una persona que devore novelas o que pase horas y horas con un libro entre las manos. Muchas veces me cuesta mantener la concentración durante largas lecturas, y eso ha sido así desde joven.
Y, siendo honesto, tampoco creo que eso sea algo negativo.
Mi primer libro: La tía Tula
Recuerdo perfectamente uno de los primeros libros que tuve que leer en el colegio: La tía Tula, de Miguel de Unamuno.
No fue una elección personal, sino una lectura obligatoria en clase. Después tuvimos que hacer un comentario de texto, algo muy habitual en la educación de aquella época.
No fue una lectura fácil para mí. No porque el libro fuese malo, sino porque nunca he tenido demasiada facilidad para engancharme a novelas largas.
Aun así, con el tiempo, me he dado cuenta de que aquel tipo de lecturas formaban parte de un aprendizaje importante, aunque entonces no lo viviera así.
No todos leemos de la misma manera
Con los años he entendido algo fundamental: no todo el mundo disfruta de la lectura de la misma forma.
Hay personas que:
- leen novelas constantemente
- terminan libros cada semana
- disfrutan pasando horas dentro de una historia
Y hay otras personas, como yo, que prefieren lecturas más directas, más breves o más conectadas con la realidad del día a día.
Y sinceramente, creo que ninguna forma es superior a la otra.
Simplemente son maneras distintas de relacionarse con la lectura.
Los tebeos y los cómics también cuentan
Curiosamente, en mi entorno sí había personas muy lectoras, aunque no siempre de libros tradicionales.
Mi hermano, por ejemplo, de pequeño leía muchísimos tebeos y cómics.
Recuerdo bien publicaciones clásicas como:
- Mortadelo y Filemón
- Zipi y Zape
- El Capitán Trueno
Aquellas historias formaban parte de una época y, aunque a veces no se les dé tanto valor, también eran una forma de lectura. Y además, despertaban imaginación, humor y curiosidad.
Leer prensa también es leer
En mi caso, aunque no sea un gran lector de novelas, sí me considero una persona bastante lectora de prensa escrita y artículos de opinión.
Eso sí me interesa de verdad.
Me gusta leer:
- noticias del día a día
- columnas de opinión
- reflexiones sociales
- temas de actualidad
De hecho, muchas veces siento que aprendo más de un artículo corto bien escrito que de una novela larga que no consigo terminar.
Y eso también es lectura. Y también es aprendizaje.
La lectura no debería ser una obligación
A veces tengo la sensación de que se transmite la idea de que quien no lee muchos libros es menos culto o tiene menos interés por aprender. Y no siempre es así.
Hay muchas formas de aprender y de informarse:
- documentales
- prensa digital o escrita
- entrevistas
- artículos especializados
- incluso conversaciones o experiencias personales
Cada persona construye su conocimiento de manera diferente.
Y cuando la lectura se convierte en una obligación, muchas veces ocurre lo contrario: se pierde el interés.
Lo importante es la curiosidad
Creo que lo esencial no es cuántos libros se leen, sino mantener la curiosidad por entender el mundo.
Porque al final, leer un periódico, seguir la actualidad o reflexionar sobre lo que ocurre a nuestro alrededor también es una forma de pensamiento.
No todo el aprendizaje tiene que venir de grandes novelas o de libros extensos.
Los hábitos cambian con la vida
También es cierto que los hábitos cambian con el tiempo. Lo que te interesaba a los 20 no es lo mismo que a los 50 o a los 60.
En mi caso, sigo sintiéndome más cómodo con la prensa escrita y los artículos de opinión que con las novelas largas.
Y no lo veo como una carencia, sino simplemente como una preferencia.
Reflexión final
No todas las personas somos grandes lectores de libros, y eso no significa que no tengamos interés por aprender o reflexionar.
En mi caso, aunque he leído algunos libros importantes como La tía Tula, siempre me he sentido más cercano a la prensa escrita y a los artículos de opinión.
Cada persona tiene sus gustos, sus ritmos y su manera de acercarse a la lectura.
Y quizá lo más importante no sea la cantidad de libros que uno lee, sino mantener viva la curiosidad, las ganas de aprender y la capacidad de pensar por uno mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario