Cuando uno llega a cierta edad, empieza a mirar hacia atrás y se da cuenta de lo rápido que ha pasado la vida. A veces parece que fue ayer cuando estaba estudiando la antigua EGB, comenzando la Formación Profesional de administrativo o haciendo aquellos primeros viajes de estudios que, en su momento, parecían auténticas aventuras.
Ahora tengo 60 años y, sinceramente, cuando recuerdo muchas etapas de mi vida, me doy cuenta de todo lo vivido, de las dificultades superadas y también de las metas que poco a poco he conseguido alcanzar.
Porque la vida nunca ha sido perfecta, pero sí ha estado llena de aprendizaje.
Los recuerdos de juventud nunca desaparecen
Todavía recuerdo perfectamente aquellos años de estudio. Después de terminar la antigua EGB, empecé administrativo en Formación Profesional. En aquella época todo se veía distinto. Uno tenía ilusiones, incertidumbres y muchas ganas de descubrir el mundo.
Recuerdo especialmente los viajes de estudios. Mi primer viaje a Portugal fue algo que me marcó mucho. Para alguien joven, salir fuera y convivir con compañeros era una experiencia importante. Después también llegaría el viaje a Mallorca al terminar administrativo.
Son recuerdos sencillos, pero que con el paso de los años terminan teniendo mucho valor.
A veces pensamos que solo los grandes momentos son importantes, pero no es verdad. Muchas veces son esas pequeñas experiencias las que permanecen para siempre en la memoria.
El deporte cambió parte de mi vida
También recuerdo mis primeros trabajos y aquella época en la que iba a entrenar a la pista de atletismo de la ciudad deportiva.
El deporte fue una parte muy importante en mi vida. No solo por la competición, sino por todo lo que me enseñó:
- disciplina,
- esfuerzo,
- constancia,
- y capacidad para superar obstáculos.
Nunca olvidaré el momento en que me llamaron para formar parte de la selección española de atletismo de parálisis cerebral. Para mí fue algo enorme.
Cuando uno empieza en el deporte nunca piensa hasta dónde puede llegar. Simplemente entrenas, compites y luchas por mejorar. Pero poco a poco llegan oportunidades que pueden cambiarte la vida.
Atlanta 96: uno de los momentos más difíciles y más grandes
Uno de los momentos más complicados que recuerdo fue la lesión en el codo antes de la Juegos Paralímpicos de Atlanta 1996.
Hubo momentos en los que pensé que no podría ir. Después de tantos años de esfuerzo, estar a punto de perder una oportunidad así fue muy duro mentalmente.
Pero al final pude participar.
Y lo más increíble fue conseguir tres medallas.
A día de hoy, cuando pienso en aquello, siento orgullo. No solo por las medallas, sino por haber superado aquel momento complicado y no haberme rendido.
Porque muchas veces en la vida las dificultades aparecen justo antes de alcanzar algo importante.
La experiencia que dan los años
Cumplir 60 años hace que uno vea las cosas de otra manera.
Con el tiempo entiendes que la vida tiene etapas buenas y etapas malas. Hay momentos de alegría y otros muy difíciles. Pero todo deja experiencia.
Y esa experiencia sirve para afrontar mejor los años que vienen.
Cuando era joven y estudiaba administrativo, jamás imaginé cómo sería mi vida décadas después. Nunca pensé que llegaría a vivir de forma independiente, tener mi propia casa, compartir la vida con mi pareja y formar una familia.
Y sin embargo, aquí estoy.
Una vida construida poco a poco
Tanto mi pareja como yo tenemos parálisis cerebral. Aun así, hemos construido nuestra vida juntos y tenemos una hija de 12 años.
Eso demuestra que, aunque la discapacidad puede poner dificultades, no impide tener sueños, proyectos y objetivos personales.
Muchas veces la sociedad pone límites antes de tiempo a las personas con discapacidad. Parece que algunos esperan menos de nosotros o creen que ciertas metas son imposibles.
Pero la realidad es otra.
Con esfuerzo, apoyo y constancia se pueden conseguir muchas cosas.
No ha sido un camino fácil, pero sí un camino lleno de lucha y de pequeños logros que hoy valoro muchísimo.
La importancia de no rendirse
Si algo he aprendido en estos 60 años es que la vida cambia constantemente. A veces para bien y otras veces para mal.
Por eso es importante no rendirse demasiado pronto.
Hay metas que tardan años en cumplirse. Algunas incluso parecen imposibles durante mucho tiempo. Pero poco a poco, con paciencia y perseverancia, muchas terminan llegando.
Mirando atrás, me doy cuenta de que he conseguido cosas que nunca imaginé cuando era joven:
- competir al máximo nivel,
- representar a España,
- ganar medallas,
- formar una familia,
- y vivir de manera independiente.
Y eso, sinceramente, tiene mucho valor para mí.
Reflexión final
Los años pasan para todo el mundo. Un día eres un joven estudiando en la antigua EGB y otro día te encuentras recordando toda una vida llena de experiencias.
He vivido momentos muy buenos y también situaciones difíciles, pero todas ellas me han ayudado a ser la persona que soy hoy.
A mis 60 años sigo creyendo que lo importante no es hacerlo todo perfecto, sino seguir avanzando poco a poco y no dejar de luchar por las metas personales.
Porque al final, la verdadera victoria no siempre está en las medallas, sino en todo lo que uno consigue superar a lo largo de la vida.
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