El consumo de alcohol y otras drogas continúa siendo un problema que afecta a muchas personas. Las razones por las que alguien comienza a consumir pueden ser muy diferentes: presión del grupo, curiosidad, búsqueda de nuevas experiencias, problemas personales, estrés o simplemente porque el consumo está normalizado en determinados ambientes.
Pero existe una situación especialmente peligrosa: consumir alcohol u otras drogas y ponerse después al volante.
No solamente se pone en riesgo la vida de quien conduce. También pueden estar en peligro los pasajeros, otros conductores, peatones y cualquier persona que se encuentre en la carretera.
Cuando las decisiones se vuelven más peligrosas
Conducir requiere atención, capacidad para reaccionar rápidamente y tomar decisiones continuamente.
El alcohol y otras drogas pueden alterar estas capacidades de diferentes maneras. Una persona puede sentirse más confiada de lo habitual y pensar que todavía está en condiciones de conducir cuando, en realidad, sus capacidades ya están afectadas.
Ese exceso de confianza puede resultar especialmente peligroso.
Además, mezclar diferentes sustancias puede aumentar los riesgos. Por eso no debemos pensar que basta con sentirse aparentemente bien para considerar que conducir es seguro.
Si se ha consumido alcohol o drogas, la decisión responsable es no conducir.
¿Por qué algunas personas siguen consumiendo?
No existe una única razón.
Algunas personas empiezan por curiosidad o por influencia de sus amigos. Otras relacionan el consumo con determinados momentos de ocio. También hay quienes intentan utilizar estas sustancias para escapar temporalmente de problemas personales, estrés o situaciones emocionales difíciles.
En otros casos, el consumo puede terminar convirtiéndose en un problema de dependencia.
Comprender estas circunstancias es importante para prevenirlas, pero comprenderlas no significa justificar las consecuencias de determinadas decisiones.
Especialmente cuando una persona decide conducir después de consumir, las consecuencias pueden afectar también a personas completamente ajenas a su decisión.
El alcohol también puede ser peligroso
A veces existe una percepción demasiado normalizada del alcohol porque está presente en muchas celebraciones y situaciones sociales.
Pero que una sustancia sea legal no significa que sea inocua.
El consumo excesivo de alcohol puede tener consecuencias negativas para la salud y, además, puede afectar a la capacidad para tomar decisiones y reaccionar ante determinadas situaciones.
Por eso no deberíamos considerar el alcohol como algo completamente diferente cuando hablamos de seguridad vial.
Una persona que ha bebido puede pensar que todavía controla perfectamente la situación. Sin embargo, sentirse capaz de conducir no significa necesariamente estar en condiciones de hacerlo.
La prevención empieza antes de salir
Una buena decisión se toma antes de comenzar a beber o consumir.
Si sabemos que vamos a una celebración y existe la posibilidad de consumir alcohol, podemos organizar previamente cómo volveremos a casa.
Podemos utilizar el transporte público, pedir que alguien que no haya consumido nos lleve, utilizar un taxi u optar por cualquier otra alternativa segura.
Lo importante es no dejar la decisión para el último momento.
Y si estamos con amigos y uno de ellos pretende conducir después de haber consumido, también podemos intentar evitarlo.
A veces prevenir un accidente significa simplemente quitar unas llaves de las manos de alguien que no está en condiciones de conducir y buscar otra forma de volver a casa.
No solo está en juego nuestra vida
Cuando alguien conduce después de consumir alcohol o drogas, quizá piense únicamente en sí mismo.
Pero la carretera es un espacio compartido.
Un error puede afectar a personas que no tienen ninguna responsabilidad en esa decisión: otro conductor que vuelve a casa, una familia que viaja en su coche, un ciclista o un peatón.
Por eso conducir después de consumir no es solamente una cuestión personal.
Una decisión sencilla puede evitar una tragedia
Las campañas de prevención pueden ayudarnos a recordar los riesgos, pero también necesitamos educación y responsabilidad individual.
No hace falta esperar a que ocurra un accidente para comprender que determinadas decisiones pueden tener consecuencias muy graves.
Si has bebido o has consumido drogas, no conduzcas.
Busca otra manera de volver a casa y, si es necesario, pide ayuda.
Quizá en ese momento parezca una pequeña molestia tener que dejar el coche aparcado, esperar un transporte o pedir que alguien te lleve.
Pero el coche puede quedarse aparcado.
Una vida no se puede recuperar.
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