A veces miro cómo funciona el mundo y tengo la sensación de que nos hemos olvidado de algo muy importante: vivir.
Vivimos rodeados de guerras, conflictos, discusiones y enfrentamientos. Parece que constantemente tenemos que estar luchando por algo o demostrando algo ante los demás. Y mientras tanto, pasan los días, los meses y los años sin que nos paremos a pensar si realmente estamos disfrutando de nuestra vida.
Las personas quieren vivir tranquilas, pero muchas veces parece que la sociedad no nos deja hacerlo.
Una sociedad demasiado competitiva
La competencia está presente prácticamente en todos los ámbitos. En los estudios, en el trabajo, en las relaciones sociales e incluso en algunas situaciones de nuestra vida cotidiana.
Parece que siempre tenemos que ser mejores que otra persona.
Hay quienes necesitan demostrar continuamente que saben más, que tienen más, que trabajan más o que han conseguido más cosas. Algunas personas incluso llegan a comportarse como si fueran superiores a los demás.
Pero ¿realmente necesitamos vivir así?
Creo que no.
Que otra persona tenga éxito no significa que nosotros hayamos fracasado. Que alguien consiga algo antes que nosotros no significa que tengamos que competir con él. Cada persona tiene su propio camino y sus propias circunstancias.
¿Cuándo vamos a disfrutar de la vida?
Tenemos una vida limitada y, sin embargo, muchas veces actuamos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.
Nos preocupamos constantemente por lo que vendrá mañana, por lo que piensan los demás o por conseguir aquello que todavía no tenemos. Y mientras estamos pendientes del futuro, dejamos de disfrutar del presente.
No estoy diciendo que no debamos trabajar, estudiar o esforzarnos por conseguir nuestros objetivos. Por supuesto que debemos hacerlo.
Pero también necesitamos descansar.
Necesitamos pasar tiempo con las personas que queremos, salir a pasear, escuchar música, leer, viajar, practicar nuestras aficiones o simplemente sentarnos un rato sin tener que hacer nada.
La vida no puede convertirse únicamente en una lista de obligaciones.
Vivimos con demasiado estrés
Muchas personas viven permanentemente preocupadas. El trabajo, los estudios, las responsabilidades, los problemas económicos y las relaciones con otras personas pueden generar una gran cantidad de estrés.
Además, vivimos en una época en la que todo parece tener que hacerse rápidamente.
Queremos respuestas inmediatas, resultados inmediatos y soluciones inmediatas. Nos cuesta esperar y nos cuesta aceptar que algunas cosas necesitan tiempo.
Quizá deberíamos aprender a hacer algunas cosas con más calma.
No todo tiene que ser urgente. No todas las discusiones necesitan nuestra atención. No todos los problemas tienen que resolverse inmediatamente.
A veces parar también es necesario.
Ser buena persona no debería significar dejar que se aprovechen de ti
Hay otra cuestión que también me preocupa: muchas veces las personas buenas terminan siendo quienes más sufren porque otros se aprovechan de ellas.
Una persona que intenta evitar conflictos puede terminar cediendo constantemente. Alguien que confía en los demás puede encontrarse con personas que abusan de esa confianza.
Y esto puede llevarnos a pensar que ser bueno no sirve para nada.
Pero no creo que esa sea la solución.
Ser buena persona no significa permitir que cualquiera nos falte al respeto o se aproveche de nosotros. También tenemos derecho a poner límites, a decir que no y a alejarnos de aquellas situaciones o personas que nos hacen daño.
Podemos ser amables sin ser ingenuos.
Podemos ayudar a los demás sin olvidarnos de nosotros mismos.
No necesitamos vivir enfrentados
Creo que muchas personas simplemente quieren una vida tranquila.
Quieren trabajar, estudiar, estar con su familia y sus amigos, disfrutar de sus aficiones y tener la oportunidad de vivir sin conflictos constantes.
Sin embargo, parece que a veces hemos convertido cualquier diferencia de opinión en una batalla.
No podemos estar de acuerdo en todo, y eso es completamente normal. Las diferencias forman parte de la convivencia.
El problema aparece cuando dejamos de respetarnos por pensar diferente.
Quizá aprender a escuchar, dialogar y aceptar que los demás pueden tener una opinión distinta haría que nuestra convivencia fuera mucho más sencilla.
Aprovechar lo que tenemos
No sabemos cuánto tiempo vamos a tener para hacer todo aquello que queremos hacer. Por eso creo que deberíamos valorar más las cosas que ya tenemos.
La salud, la familia, los amigos, un hogar, un trabajo, los pequeños momentos de tranquilidad... Muchas veces solo apreciamos estas cosas cuando las perdemos.
No necesitamos tener una vida perfecta para disfrutarla.
A veces basta con aprender a valorar los momentos sencillos.
Conclusión
El mundo tiene problemas que no podemos solucionar individualmente, pero sí podemos decidir cómo queremos vivir nuestra propia vida.
No podemos acabar con todos los conflictos, ni conseguir que todas las personas se comporten correctamente. Pero podemos intentar no añadir más enfrentamientos a nuestro alrededor.
Podemos elegir vivir con más calma, disfrutar de nuestro tiempo, cuidar nuestras relaciones y tratar a los demás con respeto.
Y también podemos aprender a protegernos para que nadie confunda nuestra bondad con debilidad.
La vida no debería ser una competición permanente para demostrar quién es mejor.
Estamos aquí para vivir, no solamente para luchar.
Quizá deberíamos parar un momento, respirar y preguntarnos si estamos aprovechando realmente nuestra existencia.
Porque al final, entre tantas prisas, preocupaciones y enfrentamientos, podemos olvidarnos precisamente de aquello que más importa: vivir.
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